Peleados con la almohada: problemas de sueño en cuarentena

En las últimas décadas, el descanso nocturno se redujo un 25%. La pandemia agravó la situación. “El sueño es más inquieto y de menor calidad”, expresa el especialista Daniel Pérez Chada.
viernes, 22 de mayo de 2020 · 14:25

Horarios que se alteraron. Despertadores desactivados. Series de madrugada. Chicos que se levantan al mediodía. Si ya los argentinos veníamos perdiendo calidad en nuestras horas de sueño, el aislamiento obligatorio agravó aún más el fenómeno.

En diálogo con Materia Prima (FM Plaza 92.1), el doctor Daniel Pérez Chada, jefe de Neumonología del Hospital Austral y director de la Clínica del Sueño del mismo establecimiento, abordó la problemática asegurando que “si se deja una situación totalmente descontrolada, la vuelta a la vida normal será mucho más difícil”.

El médico recordó que, previo a la pandemia, “ya existía una situación de sueño de muy mala calidad y de restricción de horas de descanso, básicamente en el mundo occidental. Ahora se agregó esta situación tan angustiante para todos”.

En este sentido, los especialistas afirman que en –en países entre los que está Argentina- los últimos 40 o 50 años se redujeron un 25% las horas de sueño de los adultos: por diversos factores, de 8 horas se bajó a 6 en promedio.

En 2020, el panorama se ha agravado “cuando una situación de características universales, como es la pandemia, aparece en el escenario, y se le agrega este aislamiento social con la disrupción de los horarios de trabajo y escuela”.

Hábitos

Pérez Chada adelantó que “estamos haciendo encuestas, aún no hay números concluyentes, pero en las primeras semanas de cuarentena teníamos una tendencia a dormir un poco más en la mañana y eventualmente hacer siestas. Esto de alguna manera estaría explicando la deuda de sueño que teníamos contraída, a consecuencia de nuestros hábitos previos de acostarnos tarde y levantarnos muy temprano”.

Sin embargo, “en las últimas semanas lo que uno escucha, aunque todavía no son datos medidos, es que el sueño se ha transformado en más inquieto, de menor calidad y ya no hay tanta tendencia a la siesta”.

El especialista no duda en que “esta situación le genera ansiedad a la comunidad en su conjunto. Las primeras semanas se descansaba más, pero con el avance comienzan a generarse las preocupaciones, como el riesgo de enfermarse, que se enferme la familia, ser un portador que contagie al resto… También está lo vinculado a la inseguridad laboral: una gran porción de la sociedad está preocupada por lo que ocurrirá con su trabajo, eso también distorsiona el sueño”.

Estrés

Para Pérez Chada, “la otra cara de la moneda es la gente que, sin obligaciones de levantarse a la mañana, lo ha tomado como una vacación en la que el día se prolonga indefinidamente (con juegos, Netflix, celular, cena abundante, más consumo de alcohol) y se despierta a las 11 de la mañana”.

A su vez, se refirió a un tema crucial: el de los niños y adolescentes. “Cuando más chicos, menos problemas. Los chicos escolarizados y los adolescentes son los más preocupantes, porque perdieron el marco de referencia de levantarse para ir al colegio, y todo el ritual que hay en eso. Muchas escuelas pueden mantener un modelo de educación a distancia con horarios fijos, pero hay que acordarse de muchos chicos que no pueden seguir las clases online. Para ellos es importante que la familia mantenga un horario para acostarse y levantarse”.

Sobre esto, afirmó en general que “dicen que tendremos la cuarentena más larga del mundo, pero algún día habrá que volver a los patrones. Si se deja una situación totalmente descontrolada, la vuelta será mucho más difícil”.

¿Soñamos distintos durante la cuarentena? Para el médico, “la gente tiende a tener sueños más intensos y más desagradables, en eso tienen que ver los temores. Están en juego la salud, el trabajo, ¿cómo no vamos a tener temores?”.

Y, por último, le dedicó unas palabras al personal de salud: “Está dentro de una institución 8 o 10 horas por día, muchas veces conviviendo en forma directa con pacientes con Covid-19, con una preparación desgastante. Luego debe reunirse con su familia con el temor de haber contagiado. Cuando uno habla con colegas extranjeros se da cuenta del desborde que han tenido y cómo han estado expuestos a un trauma tal que ya lo comparan con el estrés postraumático”.

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