En vísperas del Año Nuevo que daría inicio a la década de 1990, el barrio La Lomita se conmocionó con un hallazgo paleontológico: durante una excavación, en el patio de una vivienda humilde, se encontraron los restos fósiles de dos gliptodontes, mamíferos extinguidos hace unos 10.000 años.
La foto que ilustra la nota registra el momento en que los restos fueron retirados del pozo, luego de haber sido recubiertos por una capa protectora de yeso, y es parte del profuso archivo de imágenes de José Sánchez, el fallecido exsecretario de Cultura del municipio.
Era diciembre de 1989 y la noticia corrió como reguero de pólvora. Ya desde la colectora de Panamericana, los carteles escritos a mano señalaban el camino indicando el "descubrimiento histórico”, tal como afirmaban. Una vez en la casa, cualquier curioso podía entrar y mirar de cerca a los gliptodontes, aprovechando la amabilidad del dueño de casa.
Sin embargo, tras varios días fueron removidos de allí, pero con un inconveniente: Pilar no tenía un lugar adecuado para su conservación. Por lo tanto, los ejemplares fueron a parar a una habitación ubicada detrás del escenario del Teatro Lope de Vega, un sitio impensado.
En el teatro, los fósiles permanecieron arrumbados hasta fines de 2007, cuando fueron "rescatados” por el arqueólogo y antropólogo Alberto Susco, quien se ocupó de su restauración en la Universidad del Salvador. Días más tarde, el antropólogo encontró bajo el cemento las mandíbulas intactas de uno de los dos animales, lo que permitió completar aún más las piezas.
Toda una jornada de trabajo insumió trasladar a los gliptodontes desde la habitación en la que se encontraban hasta el exterior del teatro municipal. La cobertura de yeso había aumentado considerablemente el peso de los ejemplares, y además uno de los dos estaba cubierto con una capa mucho más gruesa, e inclusive había sido rodeado por un alambre y una estructura de hierro. Este último fue el que más costó desplazar, necesitando la fuerza de seis hombres, que tardaron varios minutos para mover la pieza tan sólo unos diez metros.
Pero los dos ejemplares no son los únicos que posee la zona: a pocos metros de allí, más precisamente en el ex Cuartel de Bomberos Voluntarios (donde hoy funciona la Policía Local), permanece enterrado otro ejemplar, más grande que los del teatro, desde la década de 1960.