Una historia que comenzó con un mensaje en redes sociales terminó atravesando fronteras para concretar un fin solidario. Así puede resumirse la increíble cadena de acciones que permitió que una silla de ruedas ultraliviana llegara desde Pilar hasta Isla Margarita, en Venezuela.
Todo comenzó cuando la referente social y fundadora de Fundación IR, Inés Ricci, recibió un mensaje a través de su página de Facebook: del otro lado estaba Josué García, un pastor que vive en Isla Margarita, quien atravesaba una situación crítica: su silla de ruedas estaba prácticamente destruida y necesitaba con urgencia una nueva.
Nelson Mary Alberto Ines y Luca Voluntarios y fundadora
Nelson, Mary, Alberto, Inés (fundadora) y Luca, voluntarios de la Fundación IR.
Pero no se trataba de cualquier silla. Por su condición, Josué requería una silla de ruedas ultraliviana con almohadón antiescaras, un recurso costoso y difícil de conseguir incluso dentro del país.
Frente a este desafío, la Fundación IR puso en marcha su red solidaria. Así, durante meses los voluntarios trabajaron incansablemente hasta lograr un intercambio clave: una persona tenía la silla adecuada, pero a su vez necesitaba otra que estaba en manos de la fundación. Gracias a ese gesto, se concretó el trueque que permitió obtener el equipamiento necesario.
En la movida también participó Graciela Córdoba, referente de una ONG llamada Heme, que colabora desde Mendoza enviando ayuda humanitaria a Josue y su familia. Ellos fueron quienes articularon los trayectos que recorrió la silla con las personas que debían llevarla a los destinos programados.
Destino Venezuela
Mientras tanto, en Venezuela, la situación de Josué se agravaba... Su silla terminó de romperse casi por completo, limitando aún más su movilidad. Sin embargo, lejos de detenerse, continuó adelante con un ambicioso proyecto comunitario: la construcción de su propia iglesia, levantada desde los cimientos junto a vecinos y colaboradores.
La historia sumó nuevos protagonistas cuando una pareja radicada en Buenos Aires, Nelson y Mari, decidió viajar a Caracas. En un principio el traslado no pudo concretarse, pero finalmente, días atrás emprendieron el viaje con escala en Bogotá, Colombia, llevando consigo la silla de ruedas.
El recorrido no terminó allí. Ya en Venezuela, otra pareja esperaba el equipamiento para trasladarlo por vía terrestre hasta Isla Margarita. Finalmente, tras meses de esfuerzo colectivo, la silla llegó a destino.
Hoy, Josué García cuenta con la silla de ruedas que tanto necesitaba. Pero detrás de ese logro hay mucho más que un elemento ortopédico: hay una red de personas que, sin conocerse entre sí, se unieron por una causa común.
Desde Pilar hasta Venezuela, pasando por Colombia, la historia demuestra una vez más que la solidaridad no reconoce fronteras.