Tomás Ceppi nació en Choele Choel (Río Negro) y desde su infancia tuvo una relación muy especial con el trekking, logrando su primera cima, la del cerro López, a los 5 años.
En 2010 se radicó en Pilar. Luego que le diagnosticaran una grave enfermedad y como un ejemplo claro de superación, se acaba de convertir en el 25º argentino en alcanzar la cima del monte Everest, el pico más alto del mundo (8.848 metros de altura sobre el nivel del mar).
En un contexto en el que en los últimos días 10 escaladores murieron por llegar a la cumbre, Ceppi y su compañero, el argentino Ignacio Montesinos, lograron lo que para la gran mayoría de la población parece un imposible, escalar el monte más alto del planeta.
Pero la historia de Ceppi hace que su travesía sea aún más admirable. El deportista, que llegó hace 9 años a Pilar, tras meses de internación en el Hospital Austral se recuperó de un carcinoma papilar con metástasis.
A pesar de los desalentadores pronósticos, apenas después de leer los estudios médicos, el guía de montaña del GoTeam Pilar partía para Mendoza. Con esa misma entereza y empuje, a las dos semanas de operarse ya hacía 60 kilómetros en bicicleta.
En una entrevista con El Diario, publicada el 26 de junio de 2017, Ceppi contaba que el montañismo fue clave para poder superar la enfermedad, porque moldeó su carácter.
En esa nota, Tomás revelaba un detalle que hoy cobra mayor relevancia y es, posiblemente, uno de los factores que hizo que pueda concretar algo con lo que muchos sueñan, pero pocos logran.
“La cumbre es un puntito geográfico al que se puede llegar o no, hay un montón de factores que uno no maneja para llegar. El que lo hace solo para llegar a la cumbre, está equivocado. Es importante el proceso, el disfrutar del lugar, de la actividad nueva, más si estás con gente con la que se puede sociabilizar”, recordaba.
Mientras que para Montesinos, su compañero de travesía, fue la primera experiencia en el Himalaya. En 2012, Ceppi ya había estado en Lhotse (Nepal), la cuarta cumbre más alta del mundo en donde “estuve cerca de dejar de contarla”.
El pilarense detallaba que el día de la cumbre estaba el terreno muy seco, lo que provocaba muchos desprendimientos de rocas y una le pegó en el casco, lo rompió y lo tiró para atrás. “El casco me salvó la vida”, expresaba.
Sin embargo, más allá de haber atravesado una situación que podría haberle costado la vida, para Ceppi no se trata de no tener miedo, sino de cómo se lo toma.
“El miedo te abre los ojos y te ayuda a decidir mejor. Es lo que te mantiene vivo. Te ayuda a ser mucho más precavido”, concluía.


