Si alguna vez sentiste que un plato de pasta te levantó el día, no estás exagerando. La ciencia empezó a confirmar lo que muchos ya intuían: comer pasta puede generar sensaciones reales de bienestar y felicidad.
No es solo antojo ni nostalgia, es ciencia: Estudios recientes aseguran que la felicidad tiene aroma a salsa y sabor a pasta. Detalles.
Si alguna vez sentiste que un plato de pasta te levantó el día, no estás exagerando. La ciencia empezó a confirmar lo que muchos ya intuían: comer pasta puede generar sensaciones reales de bienestar y felicidad.
Después de mucho tiempo se ha investigado y medido científicamente que la pasta nos hace feliz. La investigación fue realizado por la Universidad de Milán, en Italia, basado en metodologías neurocientíficas y monitorización cerebral similar a la del detector de mentiras (análisis de expresiones faciales, activaciones cerebrales relacionadas con las emociones, variación en la frecuencia cardíaca y microsudoración). El informe muestra que la pasta está fuertemente asociada a emociones positivas como la satisfacción, la alegría y la calma. ¿El detalle clave? El efecto es todavía mayor cuando se come acompañada. Familia, amigos, risas y una mesa compartida potencian ese “gustito a felicidad” que viene con cada bocado.
PASTA, FELICIDAD Y CIENCIA EN UN PLATO
Pero no todo es emocional. Desde el punto de vista biológico, la explicación también tiene sustento. La pasta es rica en carbohidratos complejos, que ayudan al cerebro a producir serotonina, el neurotransmisor del buen humor. Por eso, después de comerla, muchas personas se sienten más relajadas y de mejor ánimo. Esto ayuda a entender por qué, después de un plato de pasta, muchas personas experimentan una sensación de calma y bienestar.
Incluso hay estudios que indican que comer pasta activa zonas del cerebro ligadas al placer, generando respuestas similares a las que sentimos al escuchar música o disfrutar de un evento deportivo. Sí: un plato de fideos puede competir con tu canción favorita.
Más allá de la ciencia, la pasta ocupa un lugar especial en la cultura y la vida cotidiana. Su vínculo con la tradición, la cocina casera y el compartir explica por qué, para muchos, no es solo comida, sino una experiencia emocional.
LA CLAVE ESTÁ EN EL EQUILIBRIO
Los científicos aclaran que el beneficio emocional aparece cuando la pasta se consume con moderación y dentro de una alimentación equilibrada, preferiblemente acompañada de vegetales, proteínas saludables y grasas buenas. No se trata de excesos sino de disfrutar conscientemente.
Este tipo de estudios refuerza la idea de que la alimentación influye no solo en el cuerpo, sino también en la mente y las emociones. Comer bien es una forma de cuidar la salud mental.
