El robo de Linari

5. La cana

3 de agosto de 2025 - 12:17

Había dos policías en la puerta, el lunes, cuando llegamos a la agencia, decía Linari. El calor nos había hecho salir a la galería. Se oía el ruido de unas motos que circulaban a toda velocidad, por las calles del barrio. Linari tomaba el vino, de a sorbos. Esperaba a que el ruido se apagara. Tenía el cuaderno, la birome, sobre la mesa de la galería. Seguía obsesionado con el robo. Cada vez que mis preguntas, sobre sus primeras lecturas, rodeaban aquellos años de iniciación, él vinculaba aquél tiempo con aquellos hechos. Me formé con el romanticismo alemán, decía. Goethe, Schiller, Heine… todos ellos. Me hice solo, por así decirlo; fueron los primeros libros que cayeron en mis manos; después esos autores fueron llevándome a otros, por supuesto.

Ahora apoya el vaso en la mesa, sobre el mismo círculo de agua donde había estado apoyado hacía un instante. Con Julián nos miramos, sigue contando; no queríamos exagerar ni el desinterés ni el asombro. Los policías no nos dejaban pasar. Lorena lloraba, a unos metros de la puerta. Julián fue a abrazarla, hacía poco que salían. Entraron a robar, dijo. Qué se llevaron, pregunté, fingiendo algo de preocupación. No sé, decía ella, no me dejan entrar, está Matildo hablando con los policías, el Lenteja fue a la comisaría.

Otra moto. Recordé que después, en la grabación de la entrevista, aparecían todos estos ruidos. Es bastante transitado, le digo a Linari; por ser un barrio en un pueblo de campo… Las motos, me dice él; sí, está lleno, debe haber una agencia, en Luján, que las entrega con el documento, todo el mundo tiene una… es una pena, los caballos eran más silenciosos, termina diciendo. Se ríe. Vuelve a llenar los vasos.

Le señalé el cuaderno, con un gesto. ¿Sigue escribiendo?, pregunté. Siempre se escribe; no es algo que se pueda dejar, como a una mujer, como al alcohol… se ríe. Tampoco sé para qué ni para quién… los editores han tenido la amabilidad de olvidarme, hace ya bastante tiempo. Se queda pensando. Mira el parque, la mora. Volvió el Lenteja, de la comisaría, dijo después de unos segundos. Se metió en la agencia. Nosotros mirábamos desde afuera, por la vidriera. Matildo y el Lenteja hablaban con un policía de civil. Había otro junto a ellos, de uniforme, que anotaba cosas en una carpeta.

Peverelli

Se levantó del asiento, para echar a un gato de la casa vecina, que se metía a merodear por el parque. Me espanta los pájaros, dijo, cuando volvió a su asiento. Pilar era un pueblo raro, creo que lo sigue siendo… está partido al medio, la gente del pueblo, y la que ha venido a radicarse en la periferia, los countrys, los barrios cerrados… es como una miniatura de la Argentina, muchas veces ha sido un problema, pero hay algo que siempre amé de todo eso, la rebeldía, no quiere ser pueblo, no quiere ser ciudad… no se deja encasillar, eso lo mantiene vivo… una identidad híbrida, fugitiva, imposible de explicar. Hay solo una cosa que se puede decir, lo entendí después de muchos años, creo que cuando me fui. A Pilar siempre se quiere estar llegando. Me mira, se ríe. Anote esa frase, dice, con el vaso en alto. Está grabada, le digo y le señalo, con los ojos, el teléfono encima de la mesa.

No entendíamos por qué tanto revuelo, sigue contando; era solo un vidrio roto, en la parte superior de la vidriera. Con Julián no nos habíamos llevado nada, casi no habíamos movido ningún objeto de la agencia. Cuando vimos que la caja estaba vacía volvimos a cerrarla, a las puteadas, eso sí… y nos fuimos enseguida. Pero, como le decía, Pilar era un pueblo raro, podía pasar cualquier cosa. El Lenteja salió. Se acercó hasta donde estábamos nosotros. Entraron a robar, dijo; se llevaron toda la guita de la caja.

Capítulo 1

https://www.pilaradiario.com/cultura-y-espectaculos/1-cincuenta-y-cincuenta-n5462903

Capítulo 2

https://www.pilaradiario.com/cultura-y-espectaculos/2-tranquila-martita-n5463043

Capítulo 3

https://www.pilaradiario.com/cultura-y-espectaculos/3-la-llave-n5463189

Capítulo 4

https://www.pilaradiario.com/cultura-y-espectaculos/4-el-robo-n5463311

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