El Bus Turístico de Pilar se prepara para una nueva partida, en esta caso con una impronta religiosa.
Unirá el Lugar del Milagro en Villa Rosa y la Basílica de Luján. La actividad es gratuita.
El Bus Turístico de Pilar se prepara para una nueva partida, en esta caso con una impronta religiosa.
A propósito del día de la Inmaculada Concepción de la Virgen que se celebra cada 8 de diciembre, un día antes, el sábado 7, desde el municipio se organizará un recorrido denominado "El camino de la Virgen".
El periplo unirá el lugar del Milagro en Villa Rosa -sitio donde la Virgen de Luján eligió quedarse junto al negro Manuel- con la Basílica de Luján, templo construido en su honor luego de que la imagen fuera adquirida por una habitante del municipio vecino y que es la meca de la fe mariana en el país, convocando a más de 6 millones de fieles cada año.
Los cupos para acceder al Bus Turístico son limitados, por lo que es importante reservar lugar al 11 5238 6864.
La partida está prevista para las 9 en Lorenzo López 624 (Iglesia Nuestra Señora del Pilar). La actividad es gratuita y tiene una duración aproximada de 5 horas. Es recomendable llevar vianda, repelente, protector solar y calzado cómodo.
La historia de la Virgen de Luján se remonta al 1630 cuando por encargo de un poderoso habitante de Córdoba del Tucumán, Antonio Farías de Sáa, arribaron desde Brasil al puerto de Buenos Aires dos imágenes de María que debían ser entregadas en su hacienda de Sumampa (Santiago del Estero).
La misma carreta transportaba, además, mercaderías y esclavos africanos que iban a ser vendidos en Potosí. La estancia ubicada a orillas del Río Luján en Villa Rosa, propiedad por entonces de Francisca Trigueros viuda de Rosendo y de su segundo esposo, el traficante de esclavos Bernabé González Filiano, fue uno de los sitios en los que el transporte se detuvo para hacer noche.
El “milagro de la Virgen de Luján” cuenta que al día siguiente todos los bueyes retomaron su marcha, excepto los que llevaban a Nuestra Señora de la Limpia Concepción. No hubo picanas ni rebenques que hicieran mover a los animales que la trasladaban en su interior.
Solo continuaron viaje una vez que la caja que la transportaba fue retirada de la carreta. El pequeño Manuel, un esclavo de 8 años oriundo de Cabo Verde que viajaba en uno de los carros, fue designado para cuidarla.
El boca en boca no tardó en hacer crecer el alcance del milagro ocurrido en estas tierras con la Virgen, que en poco tiempo empezó a ser llamada como Nuestra Señora de la Concepción del Río Luján. Dada la peregrinación de los fieles que llegaban a rendirle culto, se construyó una ermita en su honor.
Fue en 1671 cuando una mujer, Doña Ana de Matos, movida por su devoción –y visionaria como nadie- adquirió la imagen de terracota con vestiduras pintadas de azul y blanco que desde hacía 40 años se veneraba en la rústica capilla de barro de la estancia de los Rosendo.
Mudanza
Durante cuatro décadas la Virgen fue venerada en la precaria capilla siempre bajo los cuidados de Manuel, ocupado en la fabricación de velas y a quien se le atribuyen milagros de sanación mediante la utilización del cebo de las candelas.
Entre sus fieles más devotas se encontraba Ana de Matos, quien le ofreció al padre Oramás –apoderado del dueño de la estancia y fastidiado con la constante presencia de devotos en el lugar-, trasladar la imagen a su propiedad ubicada del otro lado del Río Luján. El clérigo aceptó la propuesta a cambio de 200 pesos.
Viuda de su primer y único marido, Marcos de Sequeira, Doña Ana fue una mujer cautivante y de brillantes dotes para los negocios, que supo administrar y hacer crecer el patrimonio heredado de su difunto esposo. Durante años mantuvo un apasionado romance con Tomás de Rojas y Acevedo, un joven rico una década menor que ella y con quien tuvo tres hijos, pero al que nunca le aceptó sus reiterados pedidos de mano.
Los intentos de la Virgen por quedarse
Una vez trasladada, la Virgen desapareció varias veces de forma misteriosa de su nuevo sitio para volver a la hacienda de Villa Rosa, situación que se repitió hasta que el negro Manuel fue enviado junto a ella a Luján para continuar con sus cuidados. Una serie de hechos de difícil explicación que solo pueden entenderse en el marco del milagro.
Cuenta la historia que a la mañana siguiente de la mudanza, cuando Ana de Matos se dispuso venerar a la Virgen en su nueva morada, se encontró con una habitación vacía. Decidida a averiguar qué había pasado, se dirigió a Villa Rosa para comprobar que de forma misteriosa María había vuelto al sitio donde había elegido quedarse tres décadas atrás.
Tomándola en sus brazos, la volvió a llevar a su casa. No obstante, al día siguiente la historia se había repetido: la Virgen había vuelto a las tierras de Los Rosendo.
De inmediato, la hacendada viajó a Buenos Aires para informar lo ocurrido, situación que motivó que Fray Cristóbal de la Mancha y Velazco y el entonces gobernador del Río de la Plata, don José Martínez de Salazar, se presentaran en la estancia para comprobar lo ocurrido. Así se dispuso una procesión custodiada por peregrinos y soldados para trasladar una vez más a la Virgen a la propiedad de la lujanense.
La imagen fue colocada en un altar dentro de la vivienda y el Obispo celebró una misa. Aquella vez, a diferencia de las anteriores, Manuel acompañó a la Virgen que desde entonces nunca más volvió a las tierras de los Rosendo.
Destrabar la situación del esclavo no fue fácil. Si bien don Bernabé González Filiano había dispuesto que Manuel desde entonces respondiera a la imagen de la Limpia Concepción como su única ama, el padre Oramás lo reclamaba como su propiedad.
Frente a esta situación y guiado por la voluntad de su antiguo dueño, Manuel se presentó en la Justicia que avaló su reclamo, entendiendo que su designación como esclavo de María primaba sobre la voluntad de quien deseaba hacerlo siervo de los hombres. De todas formas, Ana de Matos tuvo que pagar una suma de dinero para su liberación.
Su fiel cuidador envejeció al lado de la imagen y luego fue enterrado junto a ella en la actual Basílica de Luján. También fue el encargado de quitarle los abrojos adheridos al manto azul y blanco cada vez que la Virgen se escapaba para volver al lugar del que, quizás, nunca debió haber sido retirada.
Si bien durante los años posteriores a su traslado la Virgen fue colocada en un altar dentro de la casa de Matos, tiempo más tarde y como muestra de su fidelidad, la mujer mandó a construir un santuario donde luego se levantaría la actual Basílica de Luján.
Además, Doña Ana donó las tierras de sus alrededores para que se levantaran construcciones para el refugio de los peregrinos y dispuso un cuarto de legua para el mantenimiento del templo. La Basílica, en tanto, fue inaugurada en 1910.
Fue así como comenzó a crecer a 30 kilómetros de Pilar, sitio original donde la Virgen eligió quedarse, la advocación popular de la fe más grande de nuestro país.
Mientras que en nuestro distrito, en el espacio conocido como “El Lugar el Milagro”, una reconstrucción de la precaria capilla de barro donde se la honró por primera vez, sigue convocando fieles, al mismo tiempo que nos recuerda aquello que pudo ser y no fue.
