A 20 años del cierre de La Alhambra, mucho más que un bar

 Fue el reducto preferido de innumerables pilarenses durante cuatro décadas. Bajó su persiana  para siempre un 17 de septiembre de 1993. El recuerdo de quienes pasaron por un lugar mítico. 

domingo, 15 de septiembre de 2013 · 00:00

  

por Alejandro Lafourcade a.lafourcade@pilaradiario.com

 

“El bar es la última oferta de la eternidad, la última oferta que queda de la libertad, el peligro a que pierdas tu novia, a que te enojes con tu amigo, a que aparezcan personas desconocidas. Yo creo que el bar es sobre todo, no digo la selva, pero por lo menos es el bosque que le queda a la ciudad”.

Las palabras de Enrique Symns en el comienzo de la canción “Mosca de bar” suenan perfectas para recordar a La Alhambra, reducto por el que pasó una incontable cantidad de pilarenses por cuatro décadas. Este martes se cumplirán 20 años del cierre definitivo del local ubicado en Rivadavia al 600, casi esquina Lorenzo López.

Fue un 17 de septiembre de 1993 el día en que el bar bajó las persianas para siempre, para tristeza de tantos vecinos que habían encontrado allí un lugar donde pasar las horas rodeados de amigos y conocidos.

El histórico propietario del local fue Quique Rodríguez, y allí funcionó en un principio el bar La Marta. Fue un vasco tozudo que había debido exiliarse de su tierra por causa de la persecución franquista, Regino Osés, quien lo alquiló en 1953, dándole el nombre por el que pasó a la historia, en homenaje a la fortaleza mora ubicada en la andaluza Granada.

Osés administró el bar junto a su esposa, Francisca Bazán, hasta 1968, cuando decidió dar un paso al costado. “Considerando que ya tenía cierto ‘capitalito’, quise descansar un tiempo, pero no pude, no soy de los que se quedan”, le contó don Regino a El Diario en 2007, algunos años antes de su muerte.

 

Diversidad

Los memoriosos cuentan que La Alhambra siempre abrió a las 5.30 de la madrugada y cerró a las 2.30, y que solo permanecía cerrado el 1º de mayo por desinfección.

Cada día desfilaban los habitués, reunidos alrededor de las mesas para perderse en conversaciones interminables. Uno de ellos era Julio Maffía, quien recuerda que en la zona “había dos instituciones emblemáticas, el Club Unión y La Alhambra, lugar de reunión de hombres”.

Maffía opinó que el bar “era una convergencia maravillosa donde no existían las diferencias de clases: estaba el doctor, el abogado, el lustrabotas, el quinielero, el intelectual…”.

Sobre el dueño del lugar, Julio afirmó que Quique Rodríguez “era de muy buen corazón pero también cabrón como todo gallego, capaz de tirarte con un sifón si lo hacías enojar…”.

 

Burreros

Otro de los parroquianos frecuentes hasta el último día fue Titi Villar. El director teatral afirmó que “era un lugar muy concurrido después del almuerzo. Se discutía de política, de fútbol, de todos los temas en general”.

Villar comentó que “algunas personas no se animaban a ir a La Alhambra. Estaban los habitués y clientes circunstanciales, pero muchos no concurrían y no sé por qué. Era como un lugar ‘privado’, sumado a la gente de paso”.

Es decir, que el núcleo era siempre el mismo, con cierto gusto compartido entre muchos de ellos por las carreras de caballos: “Era un lugar de burreros”, aseguró Titi, “y a veces desde ahí salían los autos para el hipódromo”.

De hecho, habían logrado engañar a doña Francisca, haciéndole escuchar un programa hípico que se transmitía por radio a la medianoche, con la promesa de que en instantes comenzaría un ciclo de música clásica…

El hombre se tomaba un café todos los días, luego de salir de su trabajo en el Juzgado de Paz. A su vez, aseguró que “nunca fue un bar de borrachos. La gente estaba en armonía y nadie tomaba de más”.

 

Epílogo

Los últimos dueños de La Alhambra fueron Oscar Acciari y Beto Santa Cruz, aunque para ese entonces el lugar ya venía en cierta decadencia, seguramente sufriendo los primeros embates de la trasformación que sufrió Pilar desde principios de los ’90. La propiedad había sido comprada por un grupo de socios entre los que se encontraba Tono Aón, comerciante histórico del centro. Pero el final fue inevitable.

Julio Maffía reconoce que “añoro mucho ese lugar, uno tenía 14 o 15 años y se quedaba horas escuchando las conversaciones de los más grandes”.

Veinte años se cumplirán del día en que cerró La Alhambra. El 12 de octubre de ese mismo 1993 se colocó una placa en lo que fue el frente del bar, a poco menos de un mes de su cierre definitivo. Sin embargo, el recordatorio ya no está.

 

 

15
años se encargó de atender el bar Regino Osés, su primer dueño.

 

Disparos en el techo
Si bien nunca hubo peleas más allá de las discusiones, se recuerda un altercado en La Alhambra protagonizado por “Chiquito” Echave y “Bocha” Barrionuevo. Producto de un enojo previo en un boliche, el primero entró al bar esgrimiendo un arma: al notarlo Barrionuevo, corrió a encerrarse en el baño, mientras los clientes se tiraban al suelo despavoridos. Finalmente, Echave (ya fallecido) realizó un par de disparos al techo: quiso asustar a su vecino, extendiendo el pánico a todos los presentes.

 

 

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