Incomunicados: vivir ignorados por la tecnología en el siglo XXI

A sus casas no llegan servicios básicos como el de telefonía fija o internet. En otros casos, los celulares no tienen señal. Se sienten aislados e impotentes y no tienen organismos a dónde reclamar. 

25 de agosto de 2013 - 00:00

  

 

En la era de la hipercomunicación y de la tiranía de las redes sociales donde todo –desde las noticias hasta los sentimientos más profundos- encuentran en la web su canal de expresión; en un presente donde pertenecer es estar comunicado y donde los teléfonos móviles están a punto de quedarse con el monopolio de las llamadas, hay gente en Pilar a la que la falta de infraestructura le gasta una broma a diario.

En pleno siglo XXI, líneas telefónicas por tierra que “no llegan”, celulares que no encuentran señal y servicios de Internet que invierten y esquivan según sus propios criterios, dejan aislados y privados de comunicación a barrios enteros de Pilar.

Una cachetada irónica e imprevista recibió Marta Rull como bienvenida poco después de haberse mudado al barrio La Alborada de Presidente Derqui. Conseguir un teléfono de línea en el barrio donde edificó su nueva casa resulta más difícil que en la década del 80, cuando las gestiones ante la vieja empresa estatal Entel demandaban años de espera y perseverancia.

“Es increíble, con los adelantos que tenemos no me cabe en la cabeza que no haya inversiones, esto me hace acordar a lo que pasaba hace 30 años atrás, cuando había un solo teléfono en el barrio y todos los vecinos íbamos a esa casa a llamar”, recordó con bronca y resignación en diálogo con El Diario.

Dos meses antes de desembarcar en su nueva casa de Los Aromos al 1400, Rull solicitó una línea telefónica a la cooperativa de Presidente Derqui, cuyo alcance –en teoría- abarca esa zona. “Al principio me dijeron que en un mes lo instalaban y me quedé tranquila”, relató. Sin embargo, la esperanza duró tanto como el plazo indicado.

Al comprobar que la promesa no se cumplía y tras las pertinentes averiguaciones, se enfrentó a la frase lapidaria: “no hay lugar”. “No entiendo qué quiere decir –confesó- pero lo cierto es que tampoco me dieron una fecha en la que podría llegar. No les interesa invertir en esta zona”.

 

Aislados

La falta de teléfono de línea, en definitiva fácilmente reemplazable por un celular, conlleva, sin embargo, a otra serie de complicaciones para la mujer: “no puedo poner una alarma por no tener teléfono de línea en un barrio donde últimamente hubo muchísimos asaltos”.

Por otra parte, la misma limitación le impide contar con un servicio de Internet. “Vivo sola e Internet me permite estar en contacto con el mundo, ahora me tengo que ir a Jumbo cada vez que quiero navegar”, aseguró Rull, que ya probó y desechó por mal funcionamiento los modems inalámbricos que ofrecen las compañías de celulares. También se enfrentó a la negativa de la empresa prestadora del servicio de televisión por cable que también ofrece Internet: “dijeron que quizás el año que viene lleguen a este barrio”.

“Voy a hacer un reclamo en la Defensoría del Pueblo, algo tengo que hacer”, advirtió la mujer.

Vecino de La Alborada, Carlos Bucciacardi se enfrenta al mismo problema con el complejo de condominios que construyó como inversión. “Es un perjuicio en todo sentido”, advirtió, teniendo en cuenta que la imposibilidad de contar con Internet es un condicionante para futuros inquilinos. “No tener Internet en la era de las comunicaciones es increíble, hoy es una herramienta de trabajo”, resumió.

Cabe aclarar que El Diario intentó hablar con la cooperativa telefónica de Presidente Derqui a través de los teléfonos promocionados en su página web y la comunicación fue imposible.

 

Mala señal

Para Alejandro Vázquez, del barrio Pellegrini III, la incomunicación no pasa por la falta sino por la ineficiencia de los servicios. En su casa, la posibilidad de hablar por teléfono celular resulta nula. Tan sencillo e incómodo como eso.

La insuficiente cantidad de antenas, la morfología del barrio, varias son las explicaciones posibles y pocas las certezas. Lo concreto es que “mi mujer, yo y generalmente nadie que venga a casa puede usar el celular, a veces directamente no suena y otras, cuando atendés no se escucha nada”. “Directamente –resumió- pido que me llamen al teléfono de línea”.

La misma situación fue referida por vecinos del lindero barrio cerrado Buen Retiro donde hablar por celular resulta tan o más dificultoso que el caso referido.

 

Sin red

A 30 cuadras del centro de Pilar y a seis de la sede local de la Universidad de Buenos Aires promocionada como el paradigma del desarrollo cultural y educativo en Pilar, en el barrio Pellegrini II la tecnología también prefiere pasar de largo.

El primer intento para contar con Internet por Virginia Pugliese, de la calle Bogotá al 1500, tuvo lugar en la cooperativa de Villa Rosa, que ya presta en la vivienda el servicio de telefonía fija. La negativa llegó poco después: la banda ancha llega solo hasta el centro de Villa Rosa.

Ante esto, “averigüé en Telefónica para tener Speedy, ahí me dijeron que tengo que tener una línea telefónica de esa compañía”, explicaba la vecina a El Diario en octubre pasado. Diez meses después, la situación no varió.

El inconveniente, en este caso, es la demora con la que se están instalando los teléfonos. La negativa llegó también desde TelViso y desde Telered y de servicios que ofrecen Internet por satélite. Los módems de las compañías de teléfonos celulares, por su nulo funcionamiento en la zona, tampoco fueron la solución.

“Parece un chiste, te sentís completamente afuera, apartado, un analfabeto digital”, admitió la docente.

 

 

Frase
Carlos Buciaccardi: “No tener Internet en la era de las comunicaciones es increíble, hoy es una herramienta de trabajo”, barrio La Alborada, donde no llega el teléfono de línea y en consecuencia, Internet.

 

 

No hay lugar
Las cooperativas, con capacidad colmada  “No hay pares”, “no hay lugar”, “en esa zona ya está todo ocupado”, son algunas de las explicaciones que se escuchan del otro lado del teléfono al solicitar la instalación de una línea telefónica en zonas determinadas del distrito.

En la cooperativa de Fátima explican que para ciertas zonas el interesado deberá anotarse y esperar por lo menos un mes la oportuna llegada del técnico que confirme si en el barrio “hay pares disponibles”.

En caso de que la respuesta sea afirmativa, en pocas semanas más el trámite podría estar completo y el teléfono funcionando. En caso contrario, la negativa es al menos hasta el momento y nuevas inversiones mediante, por tiempo indeterminado.

En La Lonja, en tanto, advierten que en determinadas zonas ya está agotada la capacidad por lo que la esperanza de contar con un teléfono es nula. Tal es el caso del barrio Los Robles del Monarca, uno de los más antiguos de la localidad, que ya colgó el cartelito de “No hay capacidad”.

 

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