"Los pobres duran pocos años/no es como en Belgrano/que no se puede caminar/de tanto viejo que hay/En Soldati nadie llega a anciano/si no te mata el Sida/o la bala policía/te lleva la jubilación/Yo soy el resentido/porque soy la historia prohibida/Yo soy la historia prohibida/que al periodismo lenguaraz/no le dejan contar/porque no le da divisas/a quien maneja nuestra identidad/Hacen rap los negritos neoyorquinos/hacen blues los negritos un poquito más al sur/sueñan volver al África los negros rastas de Jamaica/y acá… monitos imitadores y clubsillos de fans/acá en el último sur/les abrieron una sucursal/y yo… que siempre fui de escupir el asado al patrón/les canto un tango/y muevo mis pies como me dicta el corazón/y no la radio/ni una multinacional/ni la televisión/ni la puta madre que los parió/les canto un tango/Porque soy el resentido/soy la historia prohibida”. (Fragmento de "El resentido”).
Toda muerte es absurda, pero algunas más que las otras. Fue una tarde de octubre de hace cinco años cuando la muerte se le vino encima en el zaguán de su casa del barrio Tropezón (San Martín), de la mano de una vecina alterada.
Hugo "el Peche” Estévez apenas había llegado a la cuarentena de su vida. Pelilargo, flaco, desgarbado, escribía y cantaba, siempre al límite, con esa prepotencia dulce de camisa abierta, con una voz que nos desgarraba o nos acariciaba los recuerdos. Dejó tres hijos, y tangos, letras de tango rabiosas con la poderosa sonoridad de su grupo Buenos Aires Negro. Ese Buenos Aires donde se había parado, descalzo, hundiendo sus pies en el fango, mirando el mundo desde allí, contándonos lo que vemos todos los días, esa ciudad gringa y careta, pequeñas alegrías en risas sin dientes, el desencanto de su gente que se rompe el orto laburando, pero que a la vida le va de frente, como nos dijo alguna vez compartiendo una mesa. Absurda muerte para un poeta. Ahora, de Peche, sólo queda su leyenda.
"Conozco el lugar más paquete/La vidriera donde se muestra la gente/Y el último agujero de Buenos Aires /Conozco a la gilada que la va de pulenta/A los pibes que encontraron a Dios en la falopa/ Al que yuga noche y día y ve cómo en sus hijos vuelve la vida/Y todos buscan lo mismo/Una razón para vivir/Y todos buscan lo mismo/Una razón para vivir/ Conozco a los artistas de living/ Que ven pasar la historia por su ombligo /
Y al país de trenes llenos de gente yendo a laburar/ Conozco a los milicos asesinos/ A los zurdos que pelean por un mimo/Y al vuelto de los pueblos que llaman terrorismo/ Y todos buscan lo mismo...