Literatura

Soy Mano: Norita y la página en blanco

Por Graciela Labale

31 de mayo de 2024 - 18:34

Es un placer enorme sentarme a escribir esta columna semana por medio, encontrar la imagen, la palabra adecuada, la historia redondita que cuente lo que quiero transmitir. Pero hay momentos, situaciones especiales, en que la palabra tarda en llegar y el fenómeno de la página en blanco aparece implacable, cuando un hecho doloroso arrasa con todo.

Si bien era una posibilidad, con 94 años no queda demasiado resto cuando de salud se trata, creo que en el imaginario colectivo la pensamos eterna. La noticia corrió rápido, su familia la transmitió: “Hola a todos, queríamos informarles que hoy 30 de mayo a las 18.40 falleció Nora Cortiñas”.

Desde ese momento intento escribir algo, algo mío, propio, y no puedo. Una sensación de orfandad acapara mi sentir, desolación y dolor, eso siento…

Así, lidiando con la pena, que gana por goleada, empiezo a pensar en cada minuto compartido, cada llamada telefónica de domingo a la mañana, cada marcha, cada jueves al que pude llegar, su presencia en la Biblio Palabras del Alma, en IntegrArte, cada vez, de vez en vez. Con la mirada, el gesto y la palabra justa. Sin abandonar la alegría. A fines de los 80 un pañuelo blanco pisó por primera vez la plaza de Pilar, en los primeros 90 una charla en el Pub de la calle San Martín ponía sobre la mesa el tema de los desaparecidos de por acá. Inclaudicable en sus firmes convicciones, entendía que la defensa de los DDHH era innegociable con la política partidaria, desde ese lugar acompañó muchas luchas como la de la defensa del agua, la minería a cielo abierto, el gatillo fácil, las madres Kurdas, la ley del aborto legal, y dijo lo que se tenía que decir en el momento que correspondía.

Y así hasta el final, con los trabajadores de Télam o en la marcha por las universidades, en defensa de la educación pública. Era sin duda, “la madre de todas las batallas” la que nos posicionó a muchas y muchos de “El lado Norita de la Vida”. El pueblo te despide en la Mansión Seré, hoy sitio de Memoria, el lugar por el que circulabas pensando que tu Gustavo estaba ahí.

Chau viejita querida. Hasta la Victoria Siempre… Venceremos!

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