Literatura

Escrito para siempre en un Soy Mano

Por Víctor Koprivsek

30 de marzo de 2024 - 10:53

El destino del Soy Mano es de tres. Por momentos somos dos. Nunca uno. Arrancamos con Carla Manzoni, Graciela Labale y quien escribe. Año dos mil uno, dos mil dos.

Ese comienzo selló el tres para siempre.

Hicimos un libro allá por dos mil seis.

Tendríamos que haber hecho un libro ahora, con el Chino. Su pluma, en estos más de cuatro años de vuelo, removió la tierra, sacudió el espíritu, redimió vecinos y se encendió de barrio.

¿Qué más se puede pedir a la escritura?

Bueno es decir gracias.

Quien abre su corazón y describe su sentir está compartiendo mucho. Quien vuelca lágrima y da forma de palabra a su tristeza, a su esperanza, a su dolor, debe necesariamente volver a atravesarlo para traducirlo.

Claro que el acto de escribir sana. Va sanando como esa cicatriz que sella una herida, como esa puerta que se abre para que un ave salga de su jaula.

Es cierto. Es así. La expresión humana es tan necesaria como el pan y el agua. La palabra escrita atesora mundos, abraza amaneceres.

Sin embargo, antes hay que aprender a escuchar, a observar minuciosamente, a acompañar, caminar al lado. No temerle al espejo.

Escribir con uno y con otros.

Expandir los silencios del alma, convocar esos ecos de los cansancios que se vuelven aluvión, atrapar historias que merecen ser contadas.

Así hizo el Chino estos más de cuatro años.

Caminó entre nosotros con sus columnas, rescató anécdotas de su barrio Toro en Derqui, envueltas con las premoniciones de su infancia. Fue espada, fue espejo, fue ventana.

Se plantó con firmeza frente a sus convicciones y las hizo públicas sin rodeos ni señuelos.

Y ahora, que volvimos a ser dos, con la Gra Labale andaremos, seguramente, un poco huérfanos, un poco rengos por un tiempo.

Hasta que cierta hidalguía nos reclame nuevamente compromiso.

Seguridad en cada golpe de teclado, en cada letra.

Porque son más de veinte años en este rinconcito del querido Diario Regional, donde semana tras semana venimos tejiendo historias chiquititas en medio del río estrepitoso de las grandes noticias.

Un recodo apenas desde donde mirar la realidad que nos mira, y así compartir lágrima o sonrisa, puteada o Fe, inocencia, códigos, cosas de la luna y sus mareas.

Un pedacito apenas de aquello que se hunde en el entramado mayor y se olvida pero que, con viento a favor, alguien nos acerca para que lo contemos, o nosotros mismos lo vemos paradito al costado del camino.

Historias que escribimos y se quedan acá, en letras de molde, abrazadas para siempre en un Soy Mano.

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