Soy mano

Como para dar batalla

por Chino Méndez

3 de febrero de 2024 - 17:04

Madrugada del 2 de febrero, en el Congreso rebosan las palabras, muchas resultan insultantes. Afuera se reparten balas de goma y cachiporras. Los noticieros justifican o se indignan según la señal. Por estos lados, a 50 kilómetros de la gran capital, la cuestión se desarrolla entre el desconcierto y la urgencia cotidiana. “La” calor envuelve a las calles, que aquí sí podemos transitar, y las veredas, lejos de ser espacios que responden a absurdos protocolos, uno puede ver bien de frente el cambio de fisonomía en los rostros conocidos. La realidad golpea en la góndola, los cajeros y se acerca el comienzo de clases como amenazando paradójicamente. Estamos al horno, literalmente y al spiedo. Tiempo felino y nefasto, que recién comienza.

La tarde me encontró en el centro de Derqui, de a pie. Hace bastante que no me detengo a observar el transcurrir por esas calles que cada vez me resultan más desconocidas, entonces se ocurrió una palabra: Trasgresión. La pensé en sentido cultural y no me refiero a las muchas propuestas valederas y de calidad, sino a las novedades que sirvan como una trinchera más. La verdad es que me cuesta pensar en una propuesta que incomode, conmueva y le dé un toque más a lo conocido, un plus. Esto no pretende ser una crítica, tal vez sólo se me ocurrió esa palabra pensando en una respuesta ante este momento que pretende llevarse puesto todo y a todos. A quien sí apunto la crítica es a mí mismo, que me acomodo y tecleo algunas palabras cada tanto y nada más y ni siquiera voy con los sentidos afilados para dejar entrar ese deslumbramiento que no encuentro y que seguramente existe. Es cierto que la madurez trae la cruel consecuencia de la cordura, pero hacer siempre lo mismo, aparte de ser un embole, es repetirse en la mansedumbre de la comodidad y no dar paso a nuevas respuestas en relucientes conflictos como el que estamos viviendo.

Son cuestiones que pensé hoy mismo y las comparto como para intentar hablar de otra cosa que no esté en la agenda pública o las obligaciones infructuosas. “Hay que aprender a resistir” escribió el poeta Juan Gelman hace muchos años, y si la sangre va a llegar al río otra vez habrá que reinventarse, como siempre.

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