Entrevista: Tomás Llorente

“Sigo teniendo sueños para Manuel Alberti”

El martes cumple 50 años como sacerdote. Lleva casi 40 en la localidad, de la que se convirtió en referente por su participación en varias obras: “Yo quería hacer de Alberti una ciudad”.
domingo, 27 de junio de 2021 · 08:30

En 1982, un joven cura español llegó a Manuel Alberti procedente de Tortuguitas. Ni él ni nadie intuyó en ese momento que con el tiempo se convertiría en uno de los vecinos más influyentes de la historia de esa localidad.

Este martes, Tomás Llorente cumplirá 50 años como sacerdote, de los cuales casi 40 los ha pasado en la localidad que ese mismo día le hará un merecido homenaje. En diálogo con Aire de Sábado (FM Plaza 92.1), el Padre Tomás habló de su trayectoria, su relación con la política y los sueños que aún tiene para su pueblo.

“¿Qué pienso con esto de los 50 años? Que soy viejo...”, expresó entre risas, con ese sentido del humor que siempre mantuvo. Ya más serio, agregó. “Yo diría que es un examen de conciencia, un tiempo para reflexionar sobre lo que Dios me ha dado, lo que me hubiese gustado que me diera y no tuve, y las ausencias de seres queridos que me gustaría que estuvieran presentes”.

Llorente fue cura en su España natal solo dos años. “Me vine a Argentina por tres años, eso le dije a mis padres y mis superiores... Iba a ir a José C. Paz, pero justo murió en un accidente el sacerdote de Tortuguitas y me destinaron ahí. Estuve 3 años ayudando al padre Olegario, luego fue párroco y en 1982 recalé en Manuel Alberti”.

Referente
De inmediato, el sacerdote se convirtió en punto de referencia por su pujanza. “Yo quería hacer de Alberti una ciudad y mucha gente me acompañó”, afirma cuatro décadas más tarde. Y reflexiona: “Quizás en lo que más pienso cómo, siendo hijo de un hombre de campo, pude ponerme a poner ladrillos, pelear por asfaltos, hacer iglesias y los colegios que se hicieron, implicarse en la comisaría, en la sala… Lo último que hicimos fue la casa velatoria”.

Además, su vida está también ligara al Colegio María Madre Nuestra, participando incluso de su construcción como un albañil más.
Su labor no descansa y en la pandemia debió reactivar ese espíritu que siempre lo lleva a poner manos a la obra. “Empecé muy fuerte en lo social cuando a la gente no le alcanzaba para comer, durante la peor época de Alfonsín. En 2001 hicimos 1.700 sánguches diarios, ahora con la pandemia tuvimos que reanudad con todo, aunque desde antes no estaba bien la situación. En el peor momento tuvimos que hacer 1.400 raciones de comida diarias, hoy estamos en 800 o 900”.

Sobre esto, comentó que “el golpe más pesado para mí en la pandemia fue no haber podido viajar a España para visitar a un hermano, que estaba muy enfermo y falleció hace un mes”. Por esto, no duda en que “me ha tocado mucho acompañar a familias que no han podido despedir a sus seres queridos. La muerte siempre es un dolor, pero la muerte en ausencia es mucho más dolorosa. Por eso me pareció un propio crudo y exagerado el protocolo que no permitía ingresar ni siquiera a los cementerios”.

Vaivenes
Por su forma de ser, a lo largo de los años el Padre Tomás ha sido querido, ignorado, atacado y quizás hasta temido por las diversas administraciones.

“Soy natural, como los hombres del campo. A mi edad uno dice lo que siente, no lo que quieren que diga”.

No obstante, sobre la administración actual afirmó que “he estado plenamente acompañado por la autoridad de Pilar. Esta intendencia me ha ayudado en todo lo que necesité. Soy muy agradecido a Federico Achával, más allá de que guste o no. Lo conocí en Tortuguitas desde que casi era un recién nacido, siempre tuve una relación personal con su familia”.

Pero a través del tiempo no todo fue tan cordial… “Me puse firme con lo del asfalto, fui al Concejo Deliberante y aquellas discusiones casi llegaban a las manos. Yo pedí que el asfalto de Yrigoyen llegue a la Panamericana y se armó lío, tanto que uno dijo ‘el día que me muera, no quiero que este me dé el responso’, y fue así…”.

En cambio, “fui muy amigo de Luiso Lagomarsino, él fue quien empezó a promover Manuel Alberti. Con algunos tuve dificultades, pero con otros no. Con (Humberto) Zúccaro empezamos a hablar de proyectos y ahora con Achával también”.

Mirando hacia atrás, el Padre Tomás expresa: “Sigo teniendo sueños para Alberti. Yo estoy contento, aunque creo que hay mucho que me quedó por hacer y mucho no lo hice bien. He tenido conflictos más eclesiales que políticos, pero a mi forma de ser ya no me la quita nadie…”. 

 

“En el peor momento de la pandemia tuvimos que hacer 1.400 raciones de comida diarias, hoy estamos en 800 o 900”.

“Soy natural, como los hombres del campo. A mi edad uno dice lo que siente, no lo que quieren que diga”.

“Fui muy amigo de Luiso Lagomarsino, él fue quien empezó a promover a Manuel Alberti”.

 

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