Cuando Pilar era derecho y humano

por Alejandro Lafourcade [email protected]

Por Redacción Pilar a Diario 24 de marzo de 2016 - 00:00

Pilar era tranquilo en esos días, como siempre fue. En Pilar no pasaba nada de eso que decían los diarios. Caminaba por la clínica el doctor, saludado por todos con respeto. Traumatólogo, sí, pero con llegada hacia “arriba”. ¿Quiénes eran los de arriba en ese momento? Los hombres de verde, que iban y venían por la Casa Rosada cada vez que se lo proponían.
Lo que ocurre es que el doctor era además, mayor del Ejército y una persona de bien: tan nobles eran los sentimientos que les daba hijos a aquellas parejas que no podían tenerlos por sí solas. Hijos que, en lugar de crecer en un ambiente indeseable, iban ahora, a criarse como Dios manda.
Sus compañeros de trabajo, siempre en voz baja y a sus espaldas, lo habían apodado Capitán Piluso, ya que siempre andaba armado, y se ocupaba de hacerlo saber.
En Pilar no pasaba nada. Mientras tanto, en octubre de 1976 desapareció en Pilar Javier Utesa, estudiante de Medicina. Seguro andaba en cosas raras, ¿vio?
“Ese médico andaba ofreciendo bebés como si fueran cachorros”, graficó muchos años después un vecino memorioso, recordando las viejas andanzas de Piluso. Cuando se fueron los de verde y la cosa se complicó, eligió irse a vivir a Paraguay, pero al pobre hombre no lo dejaron tranquilo, tampoco a sus hijos del corazón.
En Pilar no pasaba nada. Mientras tanto, Silvano José García fue secuestrado en Zelaya en marzo de 1976, dos días después del golpe. Era delegado gremial. ¿Quién lo mandaba a hacer sindicalismo?
Un vecino bonachón y querido por todos, al que no le alcanzaba el legajo para enumerar todos sus títulos, solía pasear por los pabellones de Campo de Mayo. Pero la caminata era incómoda: a veces había que esquivar mujeres maniatadas. Muchos años después, recordó que tuvo que atender a algunas de ellas, aunque negó haber asistido a las parturientas. Eran como estrellas fugaces, dijo tiempo después, por su tendencia a aparecer y desaparecer en un pestañeo.
En Pilar no pasaba nada. Mientras tanto, en marzo de 1976, secuestraron en Presidente Derqui al matrimonio compuesto por Mario y Graciela Mayorga, junto a Martín, su hijo de 2 años. El menor fue dejado en la puerta de la casa de la madre de Graciela. Una carta decía que sus papás se habían ido de viaje. A pasear por Europa, seguro.
A pocas cuadras de la plaza, un matrimonio disfrutaba de la mayor alegría que una pareja puede tener: la llegada de una hija. No hubo panza, antojos, ni sala de parto. Pero, ¿qué importa? Un alma bondadosa como la del doctor de la clínica les había dado ese regalo inigualable. Eso sí: como la gente es mala y comenta, lo mejor fue protegerla hasta la obsesión. Siempre cerca, siempre mirando hacia todos lados. De algunas cosas no se habla con nadie. A aquella casa no. Allá tampoco. Te voy a buscar a la salida del colegio, como ayer.
En Pilar no pasaba nada. Mientras tanto, en junio de 1977, la asistente social Evangelina Gallegos fue secuestrada en plena calle, cuando salía del Colegio Pellegrini. Llegó a ser vista con vida en la ESMA, luego, no se supo más nada de ella.
Épocas en las que Pilar estaba alejado de esas cosas de las que hablaban los diarios. Si este siempre fue un lugar tranquilo. Al fin y al cabo, al que no andaba en algo raro, no le pasaba nada. Lógico. Como debe ser. 

 
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