Cuando la Virgen decidió quedarse a orillas del río Luján

Fue en Zelaya, hace casi 4 siglos. Dos imágenes de María hicieron noche en una estancia, camino Sumampa. Pero solo una siguió su camino. Una historia de fe que tomó relevancia nacional.
 
domingo, 13 de abril de 2014 · 00:00


por Daniel Castro danielcastro@telviso.com.ar

Nuestro distrito tiene historias para recordar desde la época de Don Pedro de Mendoza en adelante. Una muy antigua es el milagro  de la Virgen a orillas del río Lujan en la localidad de Zelaya.
El libro Anales de Nuestra Señora de Luján de Juan Antonio Presas, Edición 1983, en página 15 dice: “Cierto portugués, de nombre Antonio Farías de Sáa, hacendado de Sumampa, jurisdicción de Córdoba de Tucumán, pidió a un amigo suyo marino le trajese del Brasil una imagen de la Concepción de María Santísima, con el propósito de venerarla en la Capilla que estaba fabricando en su estancia de Sumampa. Efectivamente el marino cumplió el encargo y le trajo no una, sino dos imágenes de Nuestra Señora, que llegaron felizmente al puerto de Buenos Aires.
Bien acondicionadas ambas imágenes en dos cajoncillos fueron subidas a una carreta y emprendieron viaje al Norte. Al llegar a las orillas del río Lujan, en la estancia de Rosendo, los troperos se detuvieron allí para pasar la noche. Al día siguiente, una clara mañana de mayo, queriendo proseguir el convoy su viaje y uncidos los bueyes a la carreta no pudieron moverla. Los arrieros sacaron una imagen y no se movió. Luego decidieron sacar la que se había quedado arriba de la carreta y cargaron la que habían sacado y luego sin más estimulo tiraron los bueyes, y movióse sin dificultad la carreta. Desde luego entendieron los arrieros ser particular disposición del Cielo que la imagen de la Virgen encerrada en el cajón se quedase en aquel paraje, como en efecto se quedó, prosiguiendo la otra a su destino. La que quedó en Luján era del título de la Purísima Concepción, la otra que siguió hasta Sumampa, era del título de la Madre de Dios.
Llevaron la Santa Imagen a la casa de la estancia de Rosendo y sus dueños le levantaron un humilde altar. Divulgado el portento acaecido empezaron los fieles a venerar a la Virgen Santísima en aquella su Santa Imagen, y Ella correspondió explicándose con repetidos prodigios y milagros.
En el año 1633 deciden en la estancia de Rosendo levantar en la zona una Capilla a corta distancia de la casa. Su construcción sería muy rústica y no pasaría de un modesto rancho, con paredes de barro, techo de paja y piso natural de tierra, y por todo lujo un revoque de blanqueo, y el pequeño altar tendría una sencillez primitiva, y un poco arriba del mismo estaría colocada la Santa Imagen. La Capilla o Ermita de Rosendo no tendría más de cinco varas de largo por tres de ancho.
Causa extrañeza la poca documentación sobre el milagro de Luján en estos primeros 40 años. Es impresionante el silencio de los dueños y familiares de la estancia de Rosendo, según historiadores tenían miedo a ser delatados por contrabando. En 1666 dejaba Diego de Rosendo la rectoría de la Catedral de Buenos Aires y pasaba al curato de la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. Con la partida de Rosendo a Corrientes y luego al curato de Santa Fe, la Capilla de la Virgen y estancia sobre el río de Luján quedaron abandonadas. Gráficamente pinta esta situación de abandono el mercedario Santa María al decir: “Que el lugar vino a quedar en casi despoblado”.
El negro Manuel nunca la abandonó. Él era el que cuidaba de su limpieza y aseo y de buscar y tener siempre velas encendidas ante la Sagrada Imagen. Continuó hasta que llegó el día en que el lugar del culto a Nuestra Señora de la Concepción pasó a la estancia de doña Ana de Matos.
Luego de varios años, el propietario de la estancia de los Rosendo es Juan de Oramas y en el año 1671 se concreta la compra y traspaso de la Santa Imagen de la Concepción desde su Ermita hasta la casa de doña Ana de Matos en lo que hoy es el Distrito de Luján.
En el libro Nuestra Señora en Luján y Sumampa de Juan Antonio Presas, edición 1974, en página 133, dice Oramas: “Por ser mucha la frecuencia de devotos que acudían movidos de sus muchos milagros, y no tener en dicha estancia donde albergarse, pidió una Señora, a quien yo conocí, llamada doña Ana de Matos, le diesen dicha Imagen, que la llevaría a su hacienda; y en efecto se la dejaron llevar”. 
El traspaso se cumplió en las proximidades del 8 de diciembre, como preparación a una nueva celebración de la fiesta de la Purísima Concepción. Conocida como el Oratorio de Matos, ubicada su estancia en los pagos de Luján. Esta imagen hoy se encuentra en la Basílica de Lujan.
Unos 200 años después “del traspaso de la Santa Imagen” se realiza la primera peregrinación a Luján, partieron desde Pilar el 3 de diciembre de 1871, pero eso ya es otra historia.

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