Iris, la dama de las cucharitas

Tiene alrededor de 300 piezas de lugares tan distantes como Japón, Egipto, Austria, Finlandia, Hawaii, Venecia o Australia. Las recopila desde hace unas tres décadas. “Antes las limpiaba una por una”, recuerda.

26 de enero de 2011 - 00:00

 

A cucharadas. Iris admite que el orden de la colección es difícil y que si llegara a trasladarla “volvería con la mitad”.

 

 

Todos conocen, o al menos han oído hablar, de alguien que coleccione estampillas, billetes, discos y demás elementos más “comunes”. Sin embargo, no es el caso de Iris Bernasconi de Minestrelli, vecina de Pilar: con 85 años, hace 30 que su hobbie es coleccionar cucharitas, costumbre a la que le sigue infundiendo la misma dedicación.

En diálogo con El Diario, la mujer recuerda que todo empezó “gracias al regalo de una sobrina a la que crié yo. Cuando terminó los estudios se fue a vivir a Estados Unidos, y ella fue la primera que me trajo una cucharita: era de Kansas. Desde ahí empecé a coleccionar todas las que podía”. Además, agrega que “mi hijo, por su trabajo, viajaba mucho y me seguía trayendo, y ahora todo el mundo sabe que con una cucharita queda bien conmigo”.

Prolijamente ordenadas en una mesa del living, hay cucharitas de todo tipo, de los cinco continentes.

“Algunas son de plata, otras están en una cajita porque son muy delicadas, de porcelana o cristal de Murano”, explica Iris.

La vecina calcula que las piezas son aproximadamente unas 300. “La gente que entra a casa y no sabe se sorprende con la colección, por la cantidad de cucharitas y la forma en que las tengo ordenadas”.

A su vez, comenta que “viajé mucho por Argentina, sur y norte, y los países limítrofes. De todos los lugares me traje cucharitas”.

Como era de esperar, las tiene a todas individualizadas y recuerda detalles antes de buscarlas. “Es difícil ordenarlas –reconoce-, son muchas. Me dijeron que me anotara para llevarlas a los Torneos Bonaerenses, pero si las llevo me vuelvo con la mitad...”.

Además, comenta que “antes las limpiaba y las mantenía una por una, con una gamuza, ahora es más difícil por la cantidad y porque veo menos”.

 

De todas partes

A la hora de mantener su hobbie, Iris tiene la ventaja de conocer gente que viaja por varios lugares del mundo. Así es como puede ostentar una colección tan amplia, con piezas traídas de lugares tan disímiles como Japón, Egipto, Austria, Finlandia, Hawaii, Venecia, Australia y hasta destinos más exóticos como Belice.

También hay cucharitas de varias ciudades de Estados Unidos, incluso una de Nueva York que tiene grabadas las torres gemelas, o de Nashville, con una pequeña guitarra incrustada; así como una con forma de pala, proveniente de Las Vegas. Otras tienen incrustadas pequeñas campanas, o un avión, hasta un oso. Por lo visto, todo vale a la hora de diseñar cucharitas.

Tampoco faltan las de Sudamérica, oriundas de Chile o Venezuela. Por supuesto, muchas son de diversos puntos de la Argentina, en su mayoría artesanales, como una de las ruinas de los indios Quilmes, o bien otra con la cara del padre Mario Pantaleo.

Lejos de interrumpir su costumbre, Iris asegura que “todavía sigo coleccionando, hasta la gente que trabaja con mi hijo conoce mi hobbie y me trae de vez en cuando”.

Además, todos sus conocidos alimentan su pasión: “Cuando viajan a algún lugar no pido regalos, saben que conmigo quedan bien con una cucharita”.

 

300

Cucharitas tiene en su colección Iris de Minestrelli.

 

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