Roberto Naivirt: “fue una experiencia única, inexplicable”

El delvisense y su navegante, Jonathan Perello, llegaron a Pilar y fueron recibidos por una multitud. “Es una carrera muy exigente. Pero me sorprendió el fanatismo del público argentino”, expresó.

15 de enero de 2011 - 00:00

 

Instantánea del desierto. Jonathan Perello y Roberto Naivirt posan junto a su Toyota en el norte chileno.

 

 

Por una de las infinitas variantes que presenta el Dakar, Roberto Naivirt no completó su objetivo: dar la vuelta. El piloto delvisense y su navegante, Jonathan Perello, fueron excluidos antes de largar la 10ª etapa, luego de una situación, al menos, polémica.

Sin embargo, en la noche del último jueves y aún con el sabor amargo de la derrota, los pilarenses fueron recibidos como héroes en su llegada a Del Viso.

“Es bárbaro reencontrarse con la gente después de tantos días y que nos reciban de esa forma nos hizo olvidar de toda la amargura que vivimos por haber quedado afuera”, expresó Naivirt. Junto a Perello, transitaron varios kilómetros de la Panamericana escoltados por una caravana de fanáticos y fueron recibidos en la Ruta 26 con fuegos artificiales. “Tenían pensado algunas otras sorpresas para el sábado, pero nos adelantamos. Igual nos dieron una bienvenida hermosa y quiero agradecerles a todos, a mi hijo, mi señora, mis hermanos, primos, amigos y la gente del barrio”, enumeró Naivirt, antes de acceder amablemente a una charla con El Diario.

 

- Terminó de una manera inesperada, pero ¿qué balance dejó la carrera?

- Muy positivo. Nos vinimos con bronca por haber quedado afuera de esta forma, porque no lo merecíamos. Pero fue positivo porque sé que llegábamos hasta el final y habíamos pasado lo más duro. El final estaba ahí, a la vuelta de la esquina. Nosotros no abandonamos ni se nos rompió nada. Quedamos afuera por el error de otra persona, pero ya está, lamentablemente es así.

 

- Habías anticipado que tu exclusión fue, en parte, por un malentendido pero también por una acusación de otro piloto.

- Cuando estábamos por largar la 10ª etapa nos dijeron que estábamos descalificados. El piloto Rafael Sánchez había cortado la mitad de una etapa y no podía largar, entonces “sugirió” a los organizadores que todo aquel que se haya salteado un waypoint no podía largar. Es así, hay gente que no tiene códigos y cuando no se banca algo también lo tiene que pagar el resto.

 

- A pesar de este episodio, ¿coincidís con la idea de que “el Dakar es una gran familia”?

- Sí, la verdad que sí. Fue muy lindo vivir en un ambiente de camaradería, hicimos muchas amistades y este hecho fue la excepción. No tengo nada de experiencia en el Dakar para opinar, pero nadie habla bien de esta persona (por Sánchez). El resto es gente bárbara, incluso desde la organización se portaron muy bien con nosotros. La verdad que es algo increíble lo que vivimos, es único, sin dudas.

 

- ¿Qué fue lo que más te impresionó del Dakar?

- Recorrimos muchos paisajes impresionantes, pero no se pueden apreciar mucho porque uno va concentrado en la carrera y pasan desapercibidos. Quizás en los tramos de enlace uno puede apreciar un poco más. Se nota mucho la dureza de la carrera, es realmente muy exigente. También me llamó la atención la gran movida que genera, sobre todo en el público. Me impresionó muchísimo el fervor de la gente, el argentino es realmente muy fanático. Es increíble lo que genera ese fanatismo en uno, te deja sin palabras.

 

En medio de la nada

­­- Pasaron dos noches en el desierto, ¿cómo fue esa odisea?

- Dentro de todo la pasamos bien porque tratamos de ubicarnos en un lugar donde no podíamos tener problemas. Una noche fue antes de terminar el tramo Calama-Iquique y la otra en Iquique-Arica, dos noches seguidas. No teníamos problemas en quedarnos otra noche más en el desierto (en la 8ª etapa), pero en la tercera nos dijeron que no y fue en la que nos descalificaron.

 

- En esas dos noches, ¿se retrasaron por algo en particular?

- No tuvimos muchos inconvenientes. Lo que pasó es que largamos a las 11 de la mañana y eran 500 kilómetros de especial, por el desierto. Sin parar en ningún momento, se hicieron las 12 de la noche y nosotros seguíamos en el medio de la nada. De hecho, muchos pilotos llegaron al día siguiente. La primera noche paramos arriba de un médano donde había, por lo menos, 15 autos más que estaban parados y un camión volcado. Nos acostamos ahí y dormimos tranquilos. La otra noche paramos en un control de paso donde hacían reabastecimiento las motos, había dos camionetas más y nos quedamos ahí.

 

- En definitiva, fue parte de la exigencia de la carrera.

- Sí, porque no dormimos bien y el cansancio se acumula. Dormimos en los asientos de la camioneta, como pudimos. Es durísimo. Comíamos la vianda que llevamos para todo el día y cenábamos cerca de la medianoche. Si nos tocaba dormir afuera, teníamos una vianda que nos proveía la organización, que no era mucho pero que era rica en carbohidratos. Es duro, pero si uno es prolijo no tiene mayores inconvenientes. Después pasa por cada piloto, si tiene miedo o no al hecho de dormir sólo en el desierto. Hay que rescatar que no estamos en África y los peligros son menores.

 

­- En esta edición, hasta los pilotos más experimentados tuvieron problemas de navegación, ¿ustedes qué resultados obtuvieron?

- Nos fue bastante bien. Se nos complicó dos o tres veces, nada más. Fue porque nos salteamos algunos waypoints. También sucede que cuando los camiones deterioran el paso no hay forma de avanzar y tenés que rodear la zona para buscar otro camino, ahí se pierde un poco el rumbo. Hubo lugares donde la hoja de ruta no estaba del todo clara y había huellas para todas las direcciones posibles. Pero después de un tiempo se encuentra el camino.

 

- ¿Ahora a pensar en el Dakar 2012?

- La intensión siempre está. Pero hay que ver cómo se van dando las cosas. De hecho este Dakar todavía no terminó. Tenemos que sentarnos a plantearnos un montón de cosas y después se verá. Por lo pronto no tenemos nada confirmado, pero las ganas siempre están. Ojalá podamos tomarnos revancha y dar la vuelta.

 

 

 

Solidaridad. Naivirt ayuda a cambiar un neumático. 

 

 

 

El delvisense atraviesa el desierto con palas y planchas.

 

 

 

Naivirt y Perello fueron recibidos como héroes.

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