Los años de terror por los que atravesó la Argentina durante la dictadura que tomó el poder entre 1976 y 1983 se resisten a quedar atrás, fundamentalmente porque varias son las heridas que siguen abiertas.
Hasta el momento se confirmaron 20 desapariciones en el distrito. El mapa. La Masacre de Fátima. Un intendente que se quedó.
Los años de terror por los que atravesó la Argentina durante la dictadura que tomó el poder entre 1976 y 1983 se resisten a quedar atrás, fundamentalmente porque varias son las heridas que siguen abiertas.
Lo ocurrido particularmente en Pilar durante ese período fue durante muchos años ignorado, ya sea por desinterés o un concepto que se instaló de manera espontánea en el imaginario popular: que el distrito fue un oasis de tranquilidad en el que “no pasó nada”, salvo la ineludible excepción de la Masacre de Fátima.
La lucha por develar qué ocurrió con cada uno de los detenidos desaparecidos continúa y en Pilar está llevada a cabo desde hace años por la abogada Lorena Lescano, quien encara una ardua investigación sobre lo ocurrido en el distrito durante los años de plomo.
Así, gracias a su labor (plasmada en el sitio desaparecidospilar.com.ar) los pilarenses pudieron constatar que -lejos de lo que siempre se había afirmado- el Partido no estuvo exento del horror, registrándose secuestros en viviendas y la vía pública, tanto de hombres y mujeres que eran militantes políticos, estudiantes o trabajadores.
En este sentido, debido a la naturaleza de las circunstancias y su investigación, el número de casos confirmados fue ampliándose con los años: en la actualidad ya son 20 los detenidos-desaparecidos confirmados (los últimos nombres en sumarse fueron los de Miguel Antonio Palavecino y Washington Fernando Hernández Hobbas).
Además, cuatro casos se produjeron días antes del golpe que llevó al poder a la Junta Militar, mientras que los restantes tuvieron lugar desde esa fecha hasta septiembre de 1978.
La investigación arroja que apenas seis de los 20 casos de desapariciones corresponden a integrantes de algunas de las organizaciones armadas de la época.
Por el contrario -y en consonancia a lo ocurrido a nivel nacional-, en Pilar los principales objetivos de los militares fueron trabajadores o estudiantes y no los miembros de la guerrilla, como durante años se intentó instalar.
En cuanto a los escenarios de los secuestros, no hay un patrón determinado: se dieron, por ejemplo, operativos en casas particulares, como en los casos de Dominga (27) y Felicidad (25) Abadía Crespo, Washington Hernández Hobbas (15), Jorge Machuca (22), Claudio Ocampos (26) y el matrimonio compuesto por Osvaldo Bartollini (33) y Susana Gabelli (32),
También hubo secuestros en plena vía pública, en casos como los de Javier Utesa (20) en Pilar y Rito Bustamante (30) en Manuel Alberti.
El horror también se hizo presente en la Granja San Sebastián, ubicada en Zelaya, de donde se llevaron a Silvano José García (30). Algo similar ocurrió en la fábrica Anilinas Argentinas, del barrio Pellegrini, con el secuestro y desaparición de Daniel Micucci (22).
Cerca de allí, cuando salía del Instituto Carlos Pellegrini, el 16 de junio de 1977 fue secuestrada Evangelina Gallegos (asistente social de la Dirección Nacional de la Familia).
Algunos de los nombres que integran la lista de detenidos-desaparecidos en Pilar.
A diferencia de lo ocurrido en gran parte de la provincia y el país, el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 no conllevó grandes novedades políticas para el distrito.
Daniel Alberto Beto Ponce de León, quien había sido elegido como intendente en 1973, continuó ocupando el cargo, confirmado en su puesto por la Junta Militar.
Aquella fue una anomalía que solo se repitió en otro distrito de la Provincia de Buenos Aires: San Cayetano, al sur de Necochea, donde Fadael Hendriksen también asumió como intendente previo al golpe y siguió como comisionado tras la oscura jornada del 24 de marzo.
Con apenas 29 años había sido elegido en las elecciones del ’73 como candidato de Nueva Fuerza. Días antes, había renunciado a su candidatura por el justicialismo Luis Lagomarsino, número puesto para ganar.
Beto Ponce de León (fallecido en 2023) dejó su cargo en 1981 para cedérselo a Ricardo López Herrero.
En la noche del 20 de agosto de 1976, los vecinos de Fátima y alrededores se estremecieron con una explosión. En un baldío de la localidad fueron dinamitados treinta detenidos desaparecidos –veinte hombres y diez mujeres, algunos ya llegaron ejecutados- que habían estado alojados en dependencias de la Superintendencia de Seguridad de la Policía Federal. Habiéndose podido identificar sólo a cinco de las víctimas en ese momento, las demás fueron inhumadas en el cementerio de Derqui como NN.
Años después, estudios realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense permitieron reconocer a la mayoría de los cuerpos, quedando aún pendiente la identificación de cinco víctimas.
En 2008 se condenó a los policías retirados Juan Carlos Lapuyole, Carlos Gallone y Miguel Angel Timarchi como responsables del múltiple asesinato.
Heridas abiertas, cifras que con el tiempo agregan nombres, capítulos, vidas truncadas. A 50 años del golpe, la historia se resiste a cerrarse y -mucho menos- a caer en el olvido.
20 pilarenses fueron secuestrados durante la última dictadura y continúan desaparecidos.
30 detenidos fueron trasladados desde Capital y asesinados en la llamada Masacre de Fátima, el 20 de agosto de 1976.
8 personas que no vivían en el distrito fueron asesinadas en Pilar entre 1974 y 1975, antes del golpe de Estado.
4 personas aparecieron asesinadas en el Partido en 1976, exceptuando la Masacre de Fátima.
