por Diego Schejtman
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Tres árboles nativos y una placa de madera con un texto amoroso, plantados en un rincón de la plaza 12 de Octubre recuerdan, desde este domingo, al abogado ambientalista y referente socialista Gustavo Madeira, fallecido a mediados de mayo a causa del covid.
Del homenaje participaron más de 50 personas entre organizaciones ambientales, familiares, amigos, vecinos y hasta el intendente Federico Achával. Fue una despedida emocionada, demorada más de la cuenta por la pandemia.
Los que hablaron, compañeros de algunas de las causas que Madeira defendía como abogado y militante, lo recordaron como un hombre íntegro, comprometido y coherente. Un combo de virtudes que no se compra en el supermercado.
Su lucha contra la instalación de termoeléctricas en una zona urbana de Villa Rosa, que llevó la causa a la Corte Suprema, o su sueño de dotar al distrito de un corredor forestal de plantas nativas fueron relatadas en el homenaje. Pero hay algo más. Algo que no muchos saben.
La intervención de Madeira fue clave para evitar que 16 hectáreas del Instituto Carlos Pellegrini fueran regaladas por el gobierno de Mauricio Macri a la Unión Argentina de Rugby (UAR) en 2019.
Fue Madeira quien le hizo llegar a este cronista los documentos secretos de la Administración de Bienes del Estado (AABE) que resultaron claves para desnudar una operación que, hasta ese momento, era negada públicamente por los responsables, incluido el exintendente Nicolás Ducoté y sus funcionarios.
A partir de la publicación de los documentos se desencadenaron marchas y reclamos que, finalmente, evitaron el despojo: el Pellegrini quedó en manos del Estado.
Madeira pidió en ese momento permanecer anónimo. Hoy, con el Pellegrini más cerca de ser sede de la Universidad Nacional de Pilar, me relevo la promesa de guardar aquel secreto.