Ayer se conoció la noticia de que al merendero “Chicos Felices” le cortaron el suministro eléctrico por una deuda de 8 mil pesos, y las reacciones no se hicieron esperar.
Ayer se conoció la noticia de que al merendero “Chicos Felices” le cortaron el suministro eléctrico por una deuda de 8 mil pesos, y las reacciones no se hicieron esperar.
Uno de los que decidió hablar fue Víctor Koprivsek, colaborador del comedor al que asisten 120 chicos de lunes a viernes que, llueva o truene, reciben la merienda. Así, en diálogo con Materia Prima (FM Plaza 92.1 Mhz), expresó su profunda tristeza por una situación que lo toca de cerca, no solo por su rol de colaborador sino también, porque como buen derquino, conoce bien de cerca la realidad de las familias que se acercan al merendero para, al menos, recibir una comida diaria.
“Chicos felices” nació hace ya 9 años, con el empuje y las ganas de Ana Bueno y su marido, Gabriel. Y con el tiempo, distintos vecinos comenzaron a ayudar con donaciones materiales, o bien donando su tiempo. Actividades como música, costura, festejos de cumpleaños y apoyo escolar, se suman también, a la clásica merienda de Ana.
Por eso el golpe que recibieron el día que la camioneta de Edenor se acercó para cortarles la luz, fue muy fuerte y todavía no se recuperan, ni saben cómo harán para juntar una suma de dinero que, para ellos, es impagable.
“Ya hace dos años, cuando empezó esto del tarifazo, nos llegó una factura de 3 mil pesos, que fue muy difícil pagarla y tuvimos que poner plata entre todos. Pero ahora la situación es mucho más delicada y estamos entre darles la leche a los chicos o pagar la luz, mucha opción no tenemos”, reconoció Víctor.
Lo paradójico de la dramática realidad que están atravesando es que, precisamente en los últimos días, tanto él como Ana se habían reunido con los alumnos que cursan el taller de electricidad de Escuelas Municipales para que les hagan la instalación eléctrica. Y justo ahí, llegó Edenor.
“Cuando los vimos, yo mismo salí a ver si traían el medidor, que es algo que venimos gestionando hace mucho, pero nos dijeron que no, que venían a cortar. Los muchachos, que son trabajadores, no estaban contentos de tener que estar haciendo esto”, manifestó el derquino, que calificó como de “realismo mágico” a la situación.
Pero, a pesar de esta vicisitud, hay algo que Ana, Gabriel y Víctor tienen en claro, el merendero "no va a cerrar sus puertas. Solo pedimos un poco de consideración, es un lugar en donde se les da de comer a los chicos del barrio”, concluyó el escritor.
