La apelación de Donald Trump en una conferencia de prensa anoche, 6 de abril, a desatar el “infierno” en Irán; destruir la infraestructura del país “por cien años”; y barrer “para siempre cualquier resto de la civilización persa"; supera con creces la amenaza del fallecido presidente Harry Truman contra Japón en la víspera del lanzamiento de la bomba atómica contra Hiroshima y luego Nagasaki. Para salir del atolladero de la guerra criminal que ha lanzado forma unilateral con su ‘camarada’ Netanyahu, Trump se declara dispuesto a desatar un holocausto nuclear. Las palabras que ha emitido ayer quedarán grabadas para siempre como el horizonte que traza el imperialismo internacional para el conjunto de la humanidad.
Las cancillerías de todo el mundo han acogido esta amenaza con un estruendoso silencio. Suponen, aunque sólo probablemente, que Trump y Netanyahu no ejecutarán esta amenaza, a la que describen como un desvarío repetido de dos expresiones de nazismo implícito. Pero esa destrucción ya ha ocurrido en Gaza y se encuentra en pleno desarrollo en Líbano y en Irán. Se han derribado miles de edificios con población adentro, que han dejado a la intemperie a millones de personas. El fracaso del propósito de derrotar al régimen iraní y a la milicia Hizbollah, con las demoledoras consecuencias que ha tenido en la economía internacional y en el conjunto de la política mundial, ha sembrado la histeria e incluso el pánico en los círculos trumpistas y del sionismo.
Dos años de masacres y ‘limpieza étnica’ en Gaza no han advertido a los potentes de la tierra del ímpetu genocida de estos dos criminales de guerra y del régimen social y político que representan. Es altamente probable que el ataque atómico contra Irán sea desencadenado por un atentado contra la central nuclear de Busher, para producir una fuerte filtración radioactiva que los expertos han comparado con lo ocurrido en Chernobyl. Las cercanías de Busher han sido bombardeadas recientemente por la aviación trumpista y la sionista. Las destituciones de altos mandos militares, por parte de Hegshet, el jefe del Pentágono, y por supuesto Trump, han sido determinadas por esta potencial deriva nuclear.
Estamos convencidos, por cierto, de que un nuevo Hiroshima suscitará un levantamiento general en la mayoría de los países. Llamamos a los trabajadores en Argentina a declararse en estado de alerta y inundar la calle contra la destrucción masiva que prometen iniciar estos dos criminales de guerra, incluido un ataque atómico.