El Rally Dakar se siente argentino. Lejos de África y de la ciudad senegalesa que le da nombre a la prueba, la carrera más exigente del planeta encontró su lugar en Argentina. El público la adoptó como propia y la convirtió en un clásico del verano a fuerza de manifestaciones populares como la que se vivió ayer en Pilar: miles de personas colmaron los costados del Acceso Norte de la ruta Panamericana para presenciar el paso de los participantes.
Luego de la largada simbólica en la rampa montada en Tecnópolis, las máquinas enfilaron rumbo a Arrecifes para disputar el primer tramo cronometrado y el de enlace estuvo amenizado por un cordón interminable de gente que vitoreó y saludó a su paso. Familias enteras hicieron guardia a la vera de la ruta, algunos refugiados del sol bajo los puentes y otros, mejor preparados, montaron gazebos y cargaron refrigeradoras para instalarse durante horas, reeditando una postal típica del folclore que rodea al automovilismo argentino. De hecho, la multitud agitando brazos y banderas al borde del asfalto es una imagen que se recuperó con el Dakar y que no se veía desde los tiempos del Turismo Carretera en ruta (la última fue en 1997).
En Pilar, la última experiencia de este tipo había sido con el paso del Dakar en 2009, aunque esta vez se registró un mayor número de personas acompañando a los participantes. Como aquella vez, las mayores ovaciones fueron para los pilotos argentinos y hubo puntos donde se sintió un fuerte reconocimiento a Roberto Naivirt (hoy largará 77º la 1ª Etapa Rosario-Carlos Paz), el delvisense se detuvo en el cruce de ruta 26 y en el Parador Norte del kilómetro 57. Aunque tanto fanáticos como curiosos encontraron una excusa para saludar a todos y cada uno de los participantes, sin discriminar entre motos, cuatriciclos, camiones ni vehículos de la organización, de asistencia. En suma, el ambiente estuvo tan cargado de fervor, que bastaba con una seña de luces o un bocinazo rítmico para llevarse un saludo multitudinario en algún puente.
Orgullo local
Si bien el público repartió afecto a todo vehículo con número verde flúo, lo de Roberto Naivirt fue parecido a la despedida de un héroe. El Panadero llegó a Del Viso a las 16, tal como había previsto. Divisó una bandera con el número 382 y aminoró en el puente del barrio De Vicenzo. Luego bajó en la ruta 26, detuvo la marcha y saludó a la multitud. También hizo lo propio Ricardo Bonnazzola, el navegante de Naivirt. Se bajaron de la Toyota Hilux, se prestaron para las fotos, los saludos y hasta recibieron los últimos mensajes de los familiares que no los podrán acompañar durante la prueba. “¡Vayan con cuidado!”, se escuchó. Roberto cerró la puerta, aceleró al vacío, puso primera y salió rumbo a la aventura.
Lo lamentable fue que al atardecer, cuando la piloto china Guo Meiling no pudo controlar su Mini Cooper, se despistó y atropelló a 13 personas en la entrada a Arrecifes. Entre los heridos hay 2 pilarenses: padre e hijo (ver aparte).
347
vehículos largaron ayer desde Tecnópolis hasta Arrecifes, entre autos (111), motos (136), camiones (55) y cuatriciclos (45).
En Bolivia
Esta versión del Dakar presentará solo 3 etapas
que se disputarán en suelo boliviano y en todas se transitará por el salar de Uyuni. El resto de las especiales se correrán en territorio argentino, ante las bajas de Chile y Perú. Serán
un total de 13 días de competencia, uno de descanso (el 10 en Salta) y concluirá el
16 de este mes en Rosario.
9.600
kilómetros deberán recorrer Roberto Naivirt y Ricardo Bonazzola en la categoría autos. Son 300 kilómetros más respecto al recorrido de las otras tres categorías.
PREPARADOS. El Rally Dakar fue la excusa para esta familia fierrera, que acampó a la vera de la Panamericana.