por Diego Schejtman
Después de cincuenta años de trayectoria como médico y varias décadas de militancia política, el recuerdo de Marcelo Castillo tendrá un veredicto inapelable: fue un buen hombre, lo mire quien lo mire.
Es que las pasiones de la política nunca lo tuvieron en la vidriera de la polémica. Por el contrario, supo cultivar el respeto y la admiración de los propios pero también, lo que es más difícil, de los que están en la vereda de enfrente.
Castillo nació en Santiago del Estero en 1940. De su provincia natal, a la que siempre estuvo volviendo, mantuvo el tono cadencioso en el hablar y una militancia convencida por la causa de la siesta, que practicó y difundió con dedicación de apóstol.
Médico cirujano, practicó su ciencia durante años en el hospital de Pilar, tierra que adoptó como su segundo hogar. A principios de los 90, fue secretario de Salud del Municipio de la mano del entonces intendente Jorge Telmo Pérez. Fue su primera incursión en la función pública que le permitió unir sus dos pasiones: la medicina y la política, que siempre lo tuvo dentro del peronismo.
Poco tiempo después, abandonó el cargo para asumir la dirección del porteño hospital Ramos Mejía.
A fines de la década volvió a picarle el bichito de la política local y trató de buscar la intendencia al frente de una línea interna del PJ, aunque el intento duró poco. A partir del 2003, entró definitivamente en la vida institucional de la mano de Humberto Zúccaro, quien le confió el primer lugar en la lista de concejales. Cada año, sus pares lo votaron por unanimidad para presidir el cuerpo.
Primero en la línea sucesoria municipal, Castillo reemplazó a Zúccaro en cada licencia. En eso andaba el domingo, cuando la muerte lo tomó por sorpresa.
En el 2012 cuando fue declarado ciudadano ilustre de Pilar, recordó por qué la adopción reciente de un segundo apellido que llevó con orgullo, Carrillo: “Cuando entré a la universidad, en el año 1955, no me dejaron usar mis apellidos. Si era Castillo Carrillo no podía estudiar Medicina. Hoy sí puedo y los uso”, dijo en referencia a su tío, el sanitarista Ramón Carrillo, padre del sistema inclusivo de salud pública legado por el primer peronismo.
En los últimos años, cultivó su pasión por la historia desde el palco de cada acto público. Ayer, él mismo entró a la historia de Pilar.
Marcelo Castillo fue sobrino de Ramón Carrillo, ministro de Salud de Juan Domingo Perón, un legado que exhibía con orgullo.
