Inundaciones: siguen las acusaciones contra el Municipio

Los damnificados aseguran que no les llega la ayuda del gobierno. Y que ONG e iglesias son los que los proveen de comida y ropa. Piden una solución definitiva.
martes, 6 de noviembre de 2012 · 00:00

Mientras esperan que el agua siga bajando para comenzar con la limpieza y la desinfección de sus viviendas, los damnificados por la crecida del Río Luján mostraron su enojo con las autoridades.

Algunos denuncian abandono y malos tratos por parte de funcionarios municipales, otros reclaman una solución definitiva con el relleno de los terrenos.

Los evacuados aún son 94, distribuidos en los centros dispuestos en Zelaya, Agustoni y Manzanares, y allí se quedarían al menos dos días más, ya que si bien para la mañana de hoy esperan que ya no haya agua en las casas, deben comenzar las tareas de limpieza y desinfección. A esto hay que sumarle los casi 900 autoevacuados que había, la mayoría de los cuales ya comenzó a retornar a sus viviendas.

Ayer, los propios vecinos que se acercaron a ver cómo estaban sus casas, aseguraron que el olor que quedó en las viviendas “es nauseabundo e insoportable”.

Los afectados en el barrio Río Luján señalaron que luego de la tensa reunión del sábado con funcionarios de la Comuna, nada cambió y aún esperan respuestas.

“Acá la gente que menos tiene está muy abandonada”, aseguró una vecina del barrio que lleva el nombre del cauce, Marta Pintos.

En tanto, tras la tensión del último sábado, Pintos denunció que no todos los vecinos tienen los mismos beneficios, asegurando que hay mucha discriminación entre ellos mismos: “nadie tiene la culpa de vivir en un rancho o de ser ignorante y acá muchos se aprovechan de la ignorancia de la gente”, lanzó.

Por su parte, los frentistas afectados aseguran estar cansados de perder sus pertenencias y reclaman una solución habitacional.

 

Denuncias

En tanto, en el barrio Los Grillos, los vecinos denunciaron malos tratos e insultos por parte de un funcionario municipal, al que le habrían solicitado ayuda.

“Vivimos en el fondo y el arroyo (un brazo del Luján que pasa junto al frigorífico Amancay) se desbordó como cada vez que llueve y volvimos a perder todo lo que teníamos”, relató uno de los damnificados Juan Manuel Santillán, que agregó: “ya le mandé tres cartas al intendente (Humberto Zúccaro) pidiéndole que rellenen los terrenos y nunca me contestó. Somos 6 familias que compramos terrenos ahí”.

Otro de los habitantes de la zona, Francisco Martínez, explicó que tras la inundación, llevaron sus casillas a terrenos más altos, junto a las vías del ferrocarril San Martín.

El joven aseguró que allí, ya hay varias “casillas instaladas” y contó: “Vino un hombre de la Municipalidad y nos dijo que nosotros nos teníamos que ir de ahí, porque no estábamos autorizados, nos insultó y nos quiso sacar las cosas a la fuerza”.

Miriam Cervantes, otra vecina de Los Grillos, remarcó: “no recibimos ayuda del Municipio, al contrario, mandaron a un maleducado inoperante que nos insultó y nos quiso sacar con violencia”.

Santillán remarcó: “se nos mojó todo, ni para comer tenemos” y agregó: “para volver a donde estábamos necesitamos que nos den tierra para rellenar los terrenos, nosotros no tenemos el dinero para comprarla, porque trabajamos haciendo changas, pero sí, ofrecemos juntar entre todos plata para pagarles el combustible de los camiones”.

 

94

son las personas que aún permanecen evacuadas en los centros de atención del Municipio. Mientras otros cientos de vecinos siguen autoevacuados sin poder volver a sus casas.

 

El dato 

En el barrio Los Grillos, aseguran que un hombre llamado Jorge y que vive en la zona, fue quien vendió los terrenos que están a la vera del río, sin ser el propietario y que sigue ofreciendo tierras en la zona.

 

Tierra, la raíz del problema

La pelea por un lugar donde vivir 

Los evacuados y autoevacuados tienen como denominador común, no tener otra posibilidad que haber instalado sus casas en zonas inundables pertenecientes al cauce del río. Algunos compraron esos terrenos a precios muy bajos e incluso fueron estafados por personas que no son los dueños de esas tierras, pero igual los comercializan.

Pero lejos de comprender que están en situaciones similares y solidarizarse entre sí, la desesperación por tener una vivienda, provoca que se genere un reclamo discriminatorio, una guerra de pobres contra pobres.

Según cuentan los propios protagonistas, esa pelea entre los afectados, se da a la hora del reparto de comida, ropa y agua e incluso alcanza a niveles de xenofobia que despiertan preocupación por el odio y el rencor con el que lo expresan.

Ayer, vecinos que habían perdido todo y que aún no podían volver a sus casas, apuntaron a vecinos extranjeros que viven en sus mismas condiciones: “habría que ir y sacarlos, son todos usurpadores que están en los terrenos más altos y nadie les dice nada. A nosotros que somos argentinos, nos niegan un pedazo de tierra, que nos corresponde”, “¿Qué tenemos que hacer cambiarnos la nacionalidad para que nos ayuden?”.

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