Bergoglio se despidió desde Pilar, con una entrevista sin almidón

Tras la elección, su sucesor reveló que le gusta “callejear por los rincones de Buenos Aires”. Advirtió sobre la “tentación de la clericalización”, pero le escapó a los balances.

jueves, 10 de noviembre de 2011 · 00:00

 

El cardenal primado de la Argentina, Jorge Mario Bergoglio, se despidió ayer de la titularidad de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) brindando una inusual entrevista, en la que reveló que le gusta «callejear por los rincones de Buenos Aires» y advirtió sobre la «tentación de la clericalización», aunque prefirió no hacer un balance de sus seis años frente al organismo en el cual, dijo, se sintió «siempre como los demás».

La entrevista fue realizada en Pilar por el equipo de prensa y  comunicación de la CEA y difundida luego de conocerse que su sucesor por los próximos tres años será el arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo.

 “Que lo hagan otros, no yo”, respondió al ser consultado  sobre qué balance realizaría de su gestión al frente del  Episcopado, aunque señaló que durante esos años vivió «la unidad y la fraternidad que hay» entre los obispos.

Al pedirle un mensaje como presidente saliente de la CEA, el cardenal contestó: «Hablé como un obispo cualunque. Como presidente, no. Me sentí siempre como los demás».

En el reportaje, reveló que le gusta «callejear» por la  ciudad, ya que «cualquier rincón de Buenos Aires tiene algo que decirnos» y se definió como «un apasionado de la ciudad más linda del mundo».

Al ser consultado sobre los laicos, sostuvo que hay algunos que «realmente viven en serio su fe, se juegan, no se rascan la ‘guata’ (la panza), como dicen los chilenos, sino que trabajan esperando que venga el Señor y preparando el camino».

Igualmente, advirtió sobre «la tentación de la  clericalización», ya que «los curas tendemos a clericalizar a los laicos y los laicos —no todos pero muchos— nos piden de rodillas que los clericalicemos porque es más cómodo ser monaguillo que protagonista de un camino laical».

Entre otros conceptos novedosos, dijo que no tiene celular y que no sabe usar la computadora, explicando que «de cuando estudiaba en Alemania en 1986 tengo una máquina de escribir Olivetti que compré en una liquidación por 60 marcos alemanes, y tiene memoria de un renglón nada más».

«Con eso me arreglo para contestar las cartas. Generalmente escribo todo a mano, si tengo que dar una conferencia la escribo a mano y la canciller, que me conoce la letra, me las pasa», detalló.

En relación a los medios de comunicación, explicó también que se informa «por el diario papel a la mañana», tarea que no le «lleva más de 20 minutos» debido a lo que calificó como «una habilidad de leer en diagonal, de pescar justo los puntos clave desarrollarlos y entender qué hay detrás y, si no, preguntar».

En el plano pastoral, se refirió a la pastoral urbana y la  necesidad de «comprender los lenguajes que van llegando», al tiempo que destacó la última conferencia del Episcopado latinoamericano en Aparecida como «levadura de inspiración más que bajada de línea funcional».

Reacio a los reportajes y las apariciones públicas -sus  voceros siempre dicen que sólo habla a través de sus homilías-, Bergoglio eligió para despedirse una entrevista inusual, cargada de revelaciones.

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