Comencé
a venir a Pilar en 2004, como secretaria de una de las Fiscalías. Yo vivía en
Parque Patricios, entré a trabajar en la Cámara de San Isidro, y cuando juré en
el Ministerio Público me dieron como destino Pilar. El primer mes iba y venía
todos los días, trabajando casi 12 horas, por eso decidí mudarme.
Desde
ese momento me instalé y no quise volver más a vivir en CABA. Acá conocí a mi
pareja, oriunda de Derqui, y mis hijos nacieron acá, por eso ya me siento
pilarense.
En
2011 se creó la Fiscalía de Menores y me designaron, junto a Alejandra
Quinteiro, luego ella fue al Consejo de la Magistratura y quedé sola.
Si
bien no puedo hablar de lo que sucedía en el Partido hace más de 13 años, mi
marido me cuenta que antes todo era campo… Ese crecimiento demográfico se nota
muchísimo a la hora de la conflictividad. Como crecieron los barrios privados
también lo hicieron las zonas de la periferia, lugares donde antes no había
nada y ahora cada vez hay más gente. No significa que los barrios privados no
tengan conflictos que se judicialicen, pero muchas veces lo resuelven por otras
vías y no lo ventilan en la Justicia pública.
Eso
se nota en la cantidad de causas, en el caudal de gente que viene. En San
Isidro, en general la gente no acude tanto a la Fiscalía, a veces ni se
consigue que los testigos vayan. Hay oportunidades en las que vienen colegas a
cubrirme y se sorprenden por cómo viene la gente, el caudal de trabajo aumenta,
todo el tiempo hay que dar respuestas personalizadas. El pilarense usa mucho a las Fiscalías y eso es
bueno, para eso están.
Yo
soy de atender a todos, es más, creo que mi teléfono lo tienen todas las
víctimas de casos que he tenido en Pilar. Y eso que mi dependencia no es la que
más público recibe: las Fiscalías de mayores y de Género estallan de gente.
Se
está notando la diferencia con el Departamento Judicial de San Isidro, por eso
estamos –al menos la mayoría de los que trabajamos en el distrito- muy interesados
en que se apruebe la ley para lograr un Departamento Judicial propio. Pilar
está alejado del resto, por lo que cada vez que hay que resolver algo con una
Cámara o un Tribunal Oral, todo está en San Isidro y es un trastorno. Lo mismo
sucede con la correspondencia, las causas van y vienen tardando más tiempo por
las distancias. Si hay pedidos urgentes, hasta el otro día no se resuelven.
En
cambio, teniendo los Juzgados de Garantía en Pilar eso se resolvería enseguida.
Sería mucho más ágil, que todo esté centralizado perjudica más la labor. Lo que
más quiero es que crezca la ciudad en la que elegí vivir.
En
cuanto a la realidad de Pilar comparada con otros puntos del conurbano, algunos
son muchos más complejos en nivel de violencia y conflictividad. Tenemos la
posibilidad de darle más calidad al trabajo, cuando tenemos un caso grave se
trabaja a fondo. En otras zonas, por la cantidad de casos que tienen no le
pueden dar la dedicación que requieren.
Sí
es cierto que en Pilar, aunque es más tranquilo, cada vez que pasa algo toma
repercusión nacional. En distritos vecinos hay casos fatales protagonizados por
menores una vez por semana, pero no se les da tanta trascendencia como cuando
un hecho así sucede en Pilar.
Más
allá de las transformaciones que ha tenido, Pilar me ha transformado a mí en
forma decisiva. Uno tiene momentos en los que hay que elegir: podría haberme
ido a Neuquén, ya que había ganado un concurso allí, con un cargo menor pero
con casi la misma paga. Incluso me junté con mis padres para pensarlo. Me
tentaba ir, porque la Justicia neuquina le da muchos recursos al profesional.
Eran 1.100 kilómetros contra 60…
Pero
finalmente me mudé a Pilar y elegí bien, tengo tres hijos, y todas las
intervenciones que puedo hacer para mejorar la calidad de vida de Pilar, las
hago. En muchos aspectos sigue siendo un pueblo, y eso me ayuda en mi trabajo.
Incluso ya conozco a la segunda generación de chicos en conflicto y a sus
familias, me siento involucrada por el hecho de vivir acá.