Tribuna del lector*: Ahora entiendo

domingo, 30 de septiembre de 2012 · 00:00

 

por Víctor Ejgiel

 

Cuando nadie podía explicar por qué la Presidenta de la Nación no brinda conferencias de prensa, por qué no se permite el intercambio de preguntas y respuestas con la prensa en general, que quiérase o no también representa a parte de los habitantes de este país, bastó escucharla en su comprometido relato en la universidad de Harvard en Estados Unidos.

Si se creyó que las noticias no salen del ámbito local se equivocó, los jóvenes que esperaron su lugar con miedo, porque de arranque presentarse a una presidenta genera un poquito de miedo y que se acrecienta si encima los toman de pavotes, peor. Nuestra representante nacional intentó ridiculizar las preguntas de jóvenes bien instruidos, tanto como los que asisten a la Universidad de La Matanza y que ella misma agredió. Sin embargo, firmes en sus conceptos se escuchaban los aplausos a quienes preguntaban sin temor, aplausos que no tenían ningún carácter lacayo político.

Pero en las respuestas se encuentran los por qué. Una persona que miente, como lo hizo cuando afirmó que habla con la prensa continuamente, cuando dice que en la Argentina hay dólares para quien los necesite, cuando afirma que la inflación no es del 25%, es lógico que sólo va a contar la parte de la historia que quiere que crean, y si no gusta la respuesta viene la agresión al encuestador poniéndolo en ridículo y magnanizando su posición.

Se sabe, y sino pregunten en Santa Cruz, que el estudio de la doctora Cristina Fernández era apenas un estudio más, que comenzó su “exitosa labor” a partir de la incorporación a la política de la misma, clara casualidad. Y si quiere corregir el miedo que hay que tenerle (según ella misma) hacia los ministros de su gestión, tampoco parece muy buena aseveración, porque en todo caso es una señal del “imposible discernir” porque sino estás afuera, y hay varios casos que lo demuestran.

En vez de comparar a Brasil, donde la gente ahorra en reales, con la Argentina, que lo hace en dólares, debería pensar el por qué se hace así. Se olvida que existió un ministro llamado Rodríguez, otro que se llamó Martínez de Hoz, otros tantos, y que cada peso se devalúa un 25% por año, que los créditos reales que se otorgan a gente común tienen un promedio de interés del 35% anual, suena más que lógico que el peso no sea una moneda a guardar.

Más allá de eso, las expresiones del ministro Abal Medina con respecto al último cacerolazo no distan en mucho de lo expresado por el poderoso Guillermo Moreno y su “métanse las cacerolas en el o…”. Este señor que se queja del escrache a su persona, no decía nada cuando se escrachaba a otrora opositores o a los mismísimos represores. En un país de supuestas igualdades la balanza tiene un plato más grande.

Como cada vez más la mentira empieza a perder asiento, como hasta el mismísimo argentino común se va dando cuenta que la plata que cobra le alcanza cada vez menos, que hay fuentes laborales que se pierden todos los días, que el famoso equilibrio fiscal que anula las importaciones deja sin trabajo a otros tantos, sin medicación a algunos y sin la posibilidad de seguir manteniendo ese muerto que es la economía local que paga millones de nuestro bolsillo para agredir a la prensa que más cantidad de argentinos consume y que no es gratis, que no sale en el canal oficial, ni se paga con la plata que debería estar dedicada a tantas promesas por hoy incumplidas.

 

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