El camino que ha transitado desde chico Julio César Rodríguez, con sus 21 años de vida, ha tenido varios obstáculos, pero siempre apuntando a una única dirección, la gran meta de ser abogado. Es que el joven, que hace menos de dos años egresaba con méritos de la Escuela Media Nº2 de Manuel Alberti, es un ejemplo de superación y así también lo vio el Municipio, que reconoció su esfuerzo la semana pasada.
Nacido en el seno de una familia muy humilde, y con 15 hermanos, desde niño que se dedica a la venta ambulante. “Conozco la calle desde los 6 años, cuando salía a vender pastelitos y rosquitas”, mencionó Rodríguez, que continuó: “Empecé a vender huevos a los 7 años, pero siempre me dediqué a la venta ambulante”. Y así corrieron los años entre la primaria y la secundaria, cuando “era trabajar y con las poquitas horas que quedaban, ir a estudiar”, afirmó el 8º de los 16 que conforman la familia y el primero en terminar el colegio.
En la actualidad, está cursando el último cuatrimestre del Ciclo Básico Común para ingresar en la carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, y a su vez, trabaja los días viernes, sábado y domingo en una empresa de eventos, trabajo que no se entromete en sus estudios y que ha conseguido a fines del año pasado, cuando trabajó por última vez en la calle.
Sin embargo, de su experiencia como vendedor ambulante aún mantiene amistades y clientes que siempre colaboraron para que no le faltara nada, ni a él ni a sus hermanos.
“A mis padres siempre les dije que no trabajaría para burócratas. Para gente que vive sentada y que me paga a mí para hacerles el trabajo que pueden hacer”, mencionó el joven, orgulloso de sus años en la calle, y también expresó: “Nunca trabajé en blanco porque no soy una persona que le gusta trabajar en fábricas o encerrado”.
Un poco de ayuda
Si de todos los tropiezos con los que se topó en su afán por continuar estudiando, y más aún, de culminar los estudios para ingresar en la universidad, el joven se mantuvo en pie, fue gracias a la gente que conoció en sus 11 años como vendedor ambulante de huevos. Y si hay una persona para destacar de aquellas que siempre se preocuparon por Julio César, esa es la licenciada y exfuncionaria Isabel Arata. “A ella la conozco desde que tengo 6 años. Fue una clienta, nos conoce desde chicos”, dijo al respecto. Es que las casualidades de la vida existen, y lo demuestra aquella tarde en que Julio César, de tan solo 6 años, fue junto a su padre a trabajar en el jardín de una casa, donde conoció a Arata. “Después le empezamos a vender huevos, se hizo clienta y siempre nos ayudó y nos dio una mano”, dijo sobre una de las personas que acompañaron junto a sus padres, el progreso del chico. “Tengo clientes de huevos que me llaman constantemente por teléfono para ver cómo viene la carrera. Si dejo me retan, me aconsejan mucho”, afirmó sobre la ayuda emocional que también le ha brindado la gente que ha conocido en la vía pública. Son sus amigos los que también le demuestran el afecto y hasta se animan a cargarlo: “Cuando te recibas me vas a tener que defender y sacar de los quilombos”, bromean.
Superarse siempre
Está claro que hasta ahora nada detuvo a Julio César Rodríguez de alcanzar el objetivo de ser abogado, y por lo que se ve, va por buen camino. Incluso hace muy poco tiempo que el joven vive solo, pensando en el progreso en el estudio: “Con el tema de la facultad no puedo vivir en la casa de mis padres porque somos muchos. Necesito estar solo, porque no me llego a concentrar en la carrera”. Todo ese esfuerzo fue visto por las autoridades municipales, que recientemente le entregaron un diploma en recompensa del ejemplo que Julio significa en los jóvenes. “Mi mamá lloraba de la emoción. No lo podía creer. Como me dijo un cliente: ‘el tren pasa una sola vez en la vida. Si no te subís, pasó y nos vemos’”, recordó Julio el momento en que el intendente le entregó una medalla y un diploma en reconocimiento a su esfuerzo.
Aún faltan tres materias para ingresar a la carrera, sin embargo, ya está pensando a futuro: “Nunca me voy a dar por vencido, más allá de los problemas. Mi fin es terminar siendo abogado”, afirmó el joven, quien pretende llegar a ser doctor en letras. Pero ese futuro está cada vez más cerca, y lo puede construir gracias a que nunca bajó los brazos ni resignó sus sueños. “Mi futuro siempre me lo imaginé como abogado, pero nunca que podía entrar. Todo esto es nuevo. Estoy experimentando una cosa que nunca vi”, dijo sobre los primeros pasos que está dando dentro de la carrera de Derecho.
