Maestra de raza, derquina de ley

Con más de cuarenta años dedicados a la educación pública, María Elvira Aguilera (59) es nacida y criada en Presidente Derqui. Actualmente da clases en las escuelas 15 y 22 de su localidad.

20 de septiembre de 2012 - 00:00

 

por Victor Koprivsek

 

Actualmente trabaja en la Escuelas Nº 15 y 22. Marita, como le dicen todos, nunca se fue de este pueblo.

“Amo Derqui y pienso que no podría vivir en otro lado”, declara emocionada al comienzo de la nota.

Vive en su casa de siempre frente a la estación, es hija de Rosa Huelva y José Martín Aguilera, hermana de Angélica, Marta, Pepe y Eva. Abuela de Luna, la única nieta, hasta ahora.

“Nací el 20 de enero de 1951 en la calle Rivadavia y Roca de Presidente Derqui, barrio El Triángulo, ahí había un ranchito que era de papá”, cuenta la querida vecina y maestra.

Hizo sus estudios primarios en la Escuela Nº 11 y secundarios en el Instituto Almafuerte de Pilar. Luego se recibió de maestra, profesión que continúa ejerciendo.

“Trabajé 30 años en la Escuela 27 y hace como 13 que estoy en la 22”, dice entre libros y estantes, mientras el bullicio de niños impregna de canciones el patio.

“Siempre estuve con los ciclos inferiores, primer grado, segundo, tengo ese perfil, me gusta porque a esa edad los chicos son más espontáneos”, sonríe cálida.

Asegura que el oficio de maestra es su vitamina.

“El hecho de venir a trabajar todos los días me carga de cosas positivas, a pesar de que nada que ver con lo que era antes, mis compañeras siempre me dicen: -¿Cómo puede ser que después de tanto tiempo tengas esa alegría?-, y… porque hago lo que me gusta”, responde.

“Esta profesión es única, hay un ir y venir, una entrega mutua, pero hay que llevarla con mucho amor, los chicos se dan cuenta cuando la seño no los quiere, por eso tiene que estar ese vínculo, te quiero y quereme, entonces ahí sí, los chicos aprenden”.

Cuarenta años de oficio y la confianza de haber elegido seguir adelante con su vocación, respaldan sus palabras.

“Mi padre siempre quiso ser maestro, él ayudó a levantar las paredes de esta escuela, las vueltas de la vida ¿no?”.

Seguramente, donde quiera que esté, debe sentir mucho orgullo de su hija, guardapolvo blanco, sonrisa pronta. El mismo orgullo que siente su hermana Eva cuando la nombra.

El 11 de septiembre pasado se celebró un nuevo Día del  Maestro, el tiempo sigue siendo propicio para sembrar.

En la biblioteca de la Escuela Nº 22, donde fue tomada esta foto. La Seño Marita sonríe, mientras afuera un abanico de niños llena de colores el patio. Ella, que nunca bajó los brazos, declara al preguntarle sobre los alumnos, niñas y niños de los barrios de Derqui:“El beso de todos los días no te lo quita nadie”. 

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