Keka: la mujer que junto con el diario despacha amabilidad

Vive en Villa Rosa desde 1953 y hace 27 años que atiende el puesto de diarios y revistas de la estación de trenes de la localidad. Dedicación y sacrificio al servicio de la buena atención.
miércoles, 11 de julio de 2012 · 00:00

Delante de sus ojos no sólo han pasado miles de formaciones del Ferrocarril Belgrano Norte, también lo han hecho 27 años de oficio de canillita. Tarea que ha trascendido estrictamente lo laboral, para ser el sostén emocional de la vida de uno de los personajes más conocidos del centro de Villa Rosa.

Nelly Dávalos, de 74 años, es la famosa Keka, la mujer que cada día se levanta de noche para llegar cerca de las tres y media de la mañana a esperar los paquetes de diarios en el kiosco que le ha dado además de satisfacciones, amigos, de esos que cada mañana Keka saluda con la amabilidad que nunca le fue solicitada.

Los pasajeros pasan delante de su kiosco. Algunos compran el diario de todos los días. Otros, simplemente le dejan un saludo. “La buena atención repercute en la gente. Esto se trata de dar para recibir. Si alguna vez viene alguien corto de plata y me pide los clasificados para buscar trabajo, no le puedo decir que no”, cuenta la mujer dentro de un uniforme que la distingue del resto de los trabajadores del ferrocarril. “Porque admito que me ha tocado estar también del otro lado”, continúa.

Keka nació en Chaco. A los 13 años partió, primero a Villa Lía, y en 1953 aterrizó en Villa Rosa, el pueblo que ha visto crecer desde su puesto de diarios ubicado a metros de la boletería de la empresa Ferrovías. El kiosco se ha convertido en su primera casa. Es su entretenimiento y el combustible que le da fuerzas para continuar con el humor particular con el que lo hace. “Me quedé viuda y hoy por hoy es un entretenimiento. Me cambió más que cuando estaba acompañada, porque antes también tenía que atender mucho al hogar”, cuenta la mujer, cuya vida está dedicada totalmente a los diarios y revistas, o al menos, hasta las 16 horas.

“Después de las cuatro ya están todos de vuelta en el tren, y es cuando salen los malandras y te manguean”, denuncia Keka.

 

Asistencia perfecta

Mientras Keka dialogaba con El Diario, sus amigos y compañeros de trabajo, empleados de la estación de trenes, advertían cada una de las palabras de la mujer. Consultada por la edad, los testigos dispararon varias carcajadas, pero a la mujer no le tembló el pulso para decir que ha vivido intensos 74 años.

“Se ríen, pero cuando no vengo me extrañan”, cuenta. Claro está que son muy pocos los días que la mujer no asiste a su escaparate. Los mismos en que los canillitas no trabajan. “En la estación son todos mis amigos. Si tardo, me llaman preocupados”, continúa, señalando la particular relación que existe con quienes convive.

Quien pueda permanecer apenas unos minutos cerca de su kiosco de diarios y revistas, podrá confirmar el singular ambiente que se vive. Desde lejos se escucha su “¡Gracias pa!”. Además, ella conoce las preferencias de los asiduos clientes que pasan por el puesto antes de subir al tren: “Yo ya sé qué se lleva cada uno. Es conocer a la gente y tener la chispa de vendedora”, agrega, poniendo nuevamente de manifiesto que ser canillita es su pasión, el medio para conocer gente, para albergar anécdotas e historias que la tienen como testigo dentro del puesto.

“Para mantener esto hay que preparar un equipo”, cuenta ante la mirada de su nieta Gabriela Martínez, de 23 años. De sus 5 nietos, es la que la acompaña, la que ha de seguir los pasos que la mujer ha hecho durante tantos años. “Toda mi plata está invertida acá, con todas las revistas y con vieja y todo”, bromea.

 

Mirada crítica 

Keka es fiel lectora de El Diario. A través de cartas de lectores ha manifestado en varias ocasiones las preocupaciones de los vecinos, que con el tiempo fueron disminuyendo. “Villa Rosa está mejor. Hay más servicios y más asfaltos”, señala la mujer sobre los principales problemas que encontraba años atrás. Sin embargo, también encuentra que los hay dentro del predio donde trabaja: “Después de las 4 nos dejan sin custodia”, cuenta nuevamente sobre un grupo de jóvenes que suele frecuentar la zona pidiéndole dinero como “peaje”.

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