Luis Rufino Pérez, el último taxista de Presidente Derqui

Con su Falcon 77 y su habilitación al día desde más de cuarenta años, es el único ejemplar de una especie en extinción. Cargado de anécdotas, fue testigo de los cambios de la ciudad.

28 de junio de 2012 - 00:00

Luis Rufino Pérez. A lo mejor usted ya lo conoce o lo tiene visto. El hombre maneja un Ford Falcon modelo 1977 y todos los días de la semana desde hace más de cuarenta años lo puede encontrar en la estación del San Martín, más específicamente en la dársena a la salida del andén de 8 a 12 y de 14 a 21.

Es que Luís Rufino Pérez es el último y único taxista acreditado de Presidente Derqui.

“El primer auto que me compré fue un Falcon 67, después un Chevrolet que se lo compré a Agüero un colega de aquellos años, también estaba Moderné, los hermanos Ubarrié, Falín Verón, Vázquez, Coco Galván, esos fueron los primeros taxistas, después llegamos nosotros, Miguel Galván, Juan Luna, Sánchez y yo, que soy el último que queda”, dijo el hombre.

Su habilitación para trabajar de taxista data de 1970. Permiso para estacionar en la dársena, seguro para pasajeros, registro y habilitación, todos los papeles al día y por derecha, refiere Luis con orgullo.

“Vengo de una época donde nos tenían zumbando con el auto, el reloj taxímetro todavía lo tengo guardado en mi casa y la libreta sanitaria, en fin, todo como corresponde, siempre con educación, mirá que he llevado gente al Instituto del Quemado, anduve mucho por Capital y jamás tuve un accidente”.

La estación explota, la salida del colegio llena de pibes en las veredas, motitos zumbadoras que cruzan sin mirar y sin cascos ¿son motitos o juguetes? Trenes repletos abren las compuertas del gentío justo cuando el tic tac marca las 17.30. Allí mismo, con la mirada sabia, Luis Rufino Pérez espera el próximo pasajero y señala: “La estación es como mi segunda casa, hace un tiempo en una farmacia una chica que trabaja ahí me dijo: -Luis hoy cumple 20 años mi hijo y usted me llevó a tener familia”.

Una más de las miles de anécdotas que lo conectan directamente con el corazón del pueblo, del cual también forma parte y nunca se fue.

“Cuando modificaron la estación y quitaron la rotonda me sacaron la parada. La verdad que caí en una profunda depresión, hoy todavía me emociono cuando recuerdo tantos años ahí, nosotros jugábamos a la pelota con el ‘Negro’ Curina, Farias, Caruso, Niampo, los amigos de la carnicería Los Gallegos, el bar de los ‘Tanos’, Poulet, el ‘Gallego’ Manolo López de la vieja agencia de PRODE, Achalay con ‘El Yacaré’”, repasa Rufino con nostalgia.

 

Después de esa situación difícil y con un abogado de por medio, el legendario taxista logró recuperar por decreto su parada al pie de la estación.   

 

Luis Rufino Pérez, uno más de los tantos personajes entrañables que son ejemplo de honestidad laboral y que a lo mejor no reciben ese reconocimiento público que merecen, por el respeto que brindan, por hacer simplemente las cosas bien en su trabajo.

Con 68 pirulos aún lo pueden encontrar junto a su auto, ese compañero leal que desde hace 31 años lo banca firme llueva o truene, el Ford Falcon blanco modelo 77.

“Lucho”, como le dicen en el kiosco de la esquina del místico bar El Argentino, es el último de los Mohicanos. Perdón, de los taxistas de Derqui.

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