“No alcanza con soñar un mundo sin pobreza, hay que levantarse y empezar a construirlo”, es el lema que defiende un grupo de jóvenes que tiempo atrás se propuso construir viviendas dignas para familias de Villa Rosa.
El grupo de adolescentes que representa a la organización internacional Un Techo para mi País desembarcó hace dos años en dos barrios de la localidad para brindarles una mejor calidad de vida. En lo que va de su tarea que comenzó allá por agosto de 2010, han construido 94 casas en el barrio Luchetti y otra gran cantidad en El Manzanar. «Lo que pasa es una realidad que nos molesta», contó a El Diario Rocío Rey, una joven de José León Suárez que cada sábado visita Villa Rosa para colaborar con los vecinos no sólo en la construcción de sus viviendas, sino también en la consolidación del barrio como comunidad.
Rocío es una adolescente de 20 años que estudia Lengua y Literatura. A diferencia de otros jóvenes que durante los fines de semana se toman un descanso, ella se avoca en su totalidad a la tarea solidaria que desde hace dos años realiza junto a otros 15 chicos.
Son ellos quienes tiempo atrás relevaron las principales necesidades del barrio y comenzaron a construir casas, respaldados por la ONG Un Techo para mi País.
“Relevatón”
El último sábado desde las 10, unos 50 voluntarios recorrieron los barrios Luchetti y El Manzanar para relevar a las familias del lugar. Así, los voluntarios encuestaron acerca de la instalación de medidores de luz, principal objetivo de esta etapa. «Se les preguntó a los vecinos si querían el pilar del medidor, quiénes ya lo tienen y quién lo haría», comentó la joven sobre la posibilidad de los vecinos mismos generar este recurso gracias a los cursos de oficios que dictan los voluntarios en pos de tener una salida laboral.
El último de los ítems en los que se preocuparon durante el “Relevatón” (como lo llaman) fue en salud integral, ya que la fundación también tiene a cargo programas que buscan satisfacer estas necesidades, por ejemplo, a partir del dictado de cursos sobre cocina saludable. De esta manera, la organización detecta las mayores falencias que se registran en los barrios tanto antes de la construcción de las viviendas, como durante las continuas visitas del voluntariado.
El programa
La modalidad de Un Techo para mi País radica en tres etapas: la primera vincula a la construcción de las viviendas. Se detectan las familias que tienen mayor prioridad en tener una casa propia, necesidad de dejar atrás las precarias casillas de pisos de barro por una casa de madera apta para vivir. La segunda de las etapas es la llamada «Habilitación Social». Esta consiste en la confección de una mesa de trabajo en la que los vecinos sugieren las próximas acciones a realizar para mejorar el barrio. Ellos mismos son quienes también ponen en marcha esta fase. «Una vez que la familia deja de preocuparse del piso de barro, comienzan a preocuparse por el barrio», indicó Rocío Rey. «La tercera etapa aún no se ha podido poner en marcha en Argentina», comentó la joven sobre la fase de «Comunidad Sustentable», en la que Un Techo para mi País deja de intervenir en los barrios afectados para ser los mismos vecinos quienes mantengan una comunidad de cooperación, donde se generen los recursos para su manutención.