“Yo fui alumno suyo”

Con más de 30 años de servicio en distintas escuelas, es un símbolo de la educación en la localidad. Fue maestra de varias generaciones de villarrosenses y testigo de un pueblo que se convirtió en ciudad.
miércoles, 9 de mayo de 2012 · 00:00

por Matías Saavedra

 

Juana Matilde Hayek es el nombre que se ha inmortalizado en los innumerables diplomas, reconocimientos y placas que adornan la vivienda de una de las personas más representativas de la localidad de Villa Rosa. Con 92 años de edad, Hayek es un símbolo de la escuela Nº 14 y un libro viviente de la historia de Villa Rosa.

Por sus aulas pasaron cientos de alumnos, hijos de alumnos y hasta actuales docentes. Son ellos quienes en todo momento le recuerdan el importante papel que cumplió Matilde en sus vidas: “‘Yo fui alumno suyo’, es lo que más me han dicho por la calle”, cuenta la mujer.

 

            

Su historia

Matilde nació el 27 de julio de 1919 en una familia villarrosense que vivía en una esquina frente a la estación. Fue allí donde forjó su educación y su vocación por la docencia. Es que frente a la casa se encontraba el primer edificio de la escuela Nº 14, donde iba un puñado de los apenas 80 integrantes que conformaban la población de un pueblo rural que comenzaba a crecer alrededor del ferrocarril. En 1926 comenzó a estudiar en la escuela 14, a la que años después le daría una identidad y un sentido en la localidad. “El edificio era del alcalde Vicente López”, menciona Matilde, de una memoria más que envidiable.

Tres años más tarde tuvo que emigrar a una escuela en San Miguel ya que esta escuela rural, como todas las que se encontraban en los pequeños pueblos por aquellos días, sólo dictaban los primeros tres años.

Los últimos años los pasó internada en la escuela San José en Capital Federal. Seguido de esto, comenzó su dedicado camino de la enseñanza.

 

Símbolo de docencia

Sus primeros pasos en la docencia los realizó dentro de su hogar, donde enseñaba a niños que no podían continuar con los estudios debido a que la escuela de la localidad solo ofrecía los primeros tres años de escolaridad. Sonriente como acostumbra, revive una anécdota más que particular: “Cuando iba a tercer grado ya practicaba en mi casa y les daba clases a las sillas en el living”. Quizás este sería el inicio de una carrera de vocación, en parte gracias a dos modelos que intentó igualar: Ramona Irazoque y Rosa Moscato.

“Me iba en un Americano hasta la escuela Nº 4 en la avenida Tomás Márquez de Pilar. Era un modelo full, tirado por ‘el Noble’”, cuenta la mujer entre carcajadas sobre el antiguo carruaje con el que viajaba desde Villa Rosa hasta la escuela en Pilar entre los años 1945 y 1950.

 

El regreso

El 20 de noviembre de 1950, Alicia Abal, quien por entonces era la directora de la escuela 14, le ofreció el puesto a Matilde debido a que ella había conseguido el mismo cargo en una escuela en otra ciudad. Meses más tarde se inauguraría el nuevo edificio, construido por el gobierno.

“La escuela se construyó sin pensar en futuro”, señala Matilde a El Diario. Es que a diferencia del anterior edificio, una casa con dos grandes salones, el nuevo edificio tenía dos de menor tamaño. Sus hijos fueron criados en la escuela misma.

“Nacimos ahí. Fueron el doctor y la partera a la escuela”, narra Florinda, una de sus tres hijas, quien también, orgullosa del legado que le preparó su madre,  se dedicó a la docencia.

“Los vecinos venían a que le leyéramos las cartas que recibían porque no sabían leer. Éramos una gran familia”, resalta.

Con el correr de los años Matilde sería testigo del notable crecimiento que sufrió la escuela, indicio de la explosión demográfica de Villa Rosa.

 

Ciudadana ilustre 

En el año 2000, durante el gobierno del intendente Sergio Bivort, Matilde fue distinguida ciudadana ilustre del Pilar.

 

Cambios 

El progreso de un pueblo

“Nunca creí que viviría para ver el televisor”, recuerda la mujer frente al aparato que anuncia que Eva Duarte de Perón hubiese cumplido 93 años, uno más que la docente. “Yo la conocí personalmente cuando vinieron con el tren presidencial junto a Perón”, recuerda. Es que el progreso de la localidad llegó en tren.

Fue a partir del ferrocarril que se forjó la localidad que actualmente posee más de 40 mil habitantes. “Cuando éramos chicos era ir de paseo a la estación”, relata, a la vez que apunta que el ferrocarril favoreció en gran medida la vida cotidiana de los primeros villarrosenses: “Antes era más fácil y cómodo ir hasta Capital en tren que ir hasta Pilar, porque las calles eran todas de tierra y ni la ruta 25 existía”.

La familia Hayek fue una de las primeras del lugar. Los padres de Matilde tenían un conocido mercado de ramos generales. “Tuvimos el primer teléfono en Villa Rosa, el número 48 en Pilar”, comenta, tan lúcida como memoriosa. Fue allí donde concibió su primer sueldo, de unos 43 pesos de aquel momento. “En el mismo lugar donde era mi casa, donde estaba el mercado de mi familia, había una estafeta, una especie de correo pero más chico”, dice Matilde, orgullosa de su primer empleo.

“Éramos ocho hermanos y todos hacíamos todo. Incluso bombeaba nafta para que pudieran cargar los autos”, comenta.

Comentarios