Tribuna del lector: Nunca más, nunca menos

25 de marzo de 2012 - 00:00

 

por Daniel Hirsch

 

El último golpe de Estado cívico-militar, sin lugar a dudas, ha dejado huellas imborrables en nuestra sociedad, en nuestra cultura, en la economía, en la política y sobre todo, marcas en cada uno de nosotros, conscientes e inconscientes. Recordar aquellos hechos, año tras año, no es más que desandar el camino de olvido, de impunidad e ignorancia, por el que sus responsables nos quisieron conducir.

Hechos atroces, pérdidas invaluables, daños irreparables, ausencias insustituibles, complicidades imperdonables, son las consecuencias de un proceso trágico y macabro, planificado con el único objetivo de someter a nuestro país y sumergirlo en el letargo oscuro de un pueblo sin identidad ni conciencia.

Durante años y décadas, abuelas, madres, hijos, familiares y compañeros, lucharon infatigablemente contra la injusticia y la impunidad y también contra la indiferencia. Sólo una voluntad tan firme y poderosa, como la que tuvieron las heroínas de Plaza de Mayo, fue capaz de reponerse frente al horror, erguirse con dignidad y marchar hacia la Verdad, con la plena convicción de que la Justicia será alcanzada en esta vida, siendo ella, el más bello homenaje a quienes ya no están.

Sabemos que ha sido por demás importante y decisivo el arribo al gobierno de un proyecto político que se hizo cargo del tema, que impregnado de un compromiso político inclaudicable, sin el cual hubiese sido imposible avanzar, llevó al campo de lo real los anhelos por tantos años postergados. La reforma de la Corte Suprema de Justicia, la anulación de las leyes de obediencia debida y punto final, la recuperación de la ESMA y los centros clandestinos de detención, los cuadros, la reanudación de los juicios, las nuevas leyes y la instauración de una cultura democrática, expuesta con brillantez en los festejos del Bicentenario, son la muestra acabada del cumplimiento de las históricas consignas “Verdad y Justicia”; “Juicio y castigo”; “ni olvido ni perdón”.

Hoy, por un lado, transitamos los últimos pasos de esta etapa de reparación, e inauguraremos un nuevo tiempo en la Argentina, sin dictadores libres, sin falsos relatos, sin olvido, con justicia, con verdad y con la realización de los sueños de tantos compañeros y compañeras, que fueron arrancados de la vida y que hoy vuelven a las escuelas, las fábricas, las iglesias, las plazas y las calles, redimidos por la lucha y el amor. Por otro lado, nos sentimos profundamente honrados de habitar esta nuestra patria, Argentina, único país en el mundo, que ha juzgado bajo las leyes de la democracia, a los responsables de este genocidio, transformando a nuestro país, en pionero y ejemplo, de lucha por la verdad, de justicia soberana, de defensa de los Derechos Humanos y de memoria colectiva.

Nosotros, los hombres y mujeres comprometidos con esta grandiosa patria, seremos custodios de este gran tesoro preñado de sueños, historias, ideales y luchas de tantos militantes sindicales, políticos, estudiantes y culturales; seremos leales y consecuentes herederos y militantes de esta historia y cargaremos orgullosos sobre nuestras espaldas, el indelegable deber, de construir el futuro con memoria.

Nunca más, dictaduras.

Nunca menos, que verdad y justicia.

 

 

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