Asesinadas por ser mujeres

domingo, 18 de marzo de 2012 · 00:00

 

Por Andrea J. Carpaneto* andreajcarpaneto@gmail.com

 

Un trágico número de femicidios marcó el 2011: Carla Figueroa y Carmen Paredes, e La Pampa; Azucena Peralta, en Mendoza.

El brutal caso de Carla Milens, la joven de 19 años que fue asesinada en una casa abandonada de Pilar, al salir de su trabajo.

El crimen de Yanina Lovera, la joven de 19 años que fue hallada sin vida a la vera de un camino que va del Parque Industrial a la ruta 6, en Los Cardales.

El cuádruple crimen de La Plata. El crimen de las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni, asesinadas en el Mirador de la Quebrada de San Lorenzo, en Salta.

Y este año empezó con otros: en enero hallaron muerta a Silvia Prigent, en San Fernando; a Aldana Torchelli, de Wilde, de 17 años, su pareja la quemó durante una discusión.

La cantidad de femicidios que se van registrando en el 2012, comienza a mostrar alarmantes cifras. Lo que indica que aún no se están poniendo los recursos necesarios para evitar tantas muertes evitables.

Faltan políticas públicas para ayudar a las mujeres a salir de la situación de violencia, destinar recursos que las ayuden a alejarse de quien las agrede.

Por la cantidad de mujeres desaparecidas, ultrajadas, abusadas sexualmente, quemadas y asesinadas; por todas las mujeres que padecen algún tipo de maltrato físico, emocional, psicológico, económico, es imprescindible continuar trabajando.

Gracias a la difusión de los medios de comunicación, es que se dan a conocer los casos, ya que no existen estadísticas centralizadas del Estado.

Es imprescindible no ocultar, sino hablar sobre las violencias padecidas; desterrar la frase “nadie me creerá”.

Existen centros especializados para asistir a las mujeres víctimas de violencia donde tomarán en cuenta cada palabra que la mujer pronuncie.

El único camino para empezar a encontrar una salida es “hablar”. El silencio prolonga la situación de violencia, la sensación de que no existe una salida.

Al hablar, se descubre que si otro puede escuchar, sin juzgamientos, sólo escuchar y acompañar, permite sentir un alivio, y abre otro camino.

La mujer agredida siente vergüenza, miedo, parálisis; todos sentimientos que no permiten pensar con claridad, ni actuar.

Luego de las sucesivas amenazas de su pareja, aumenta el temor. Recrudece el viejo temor a no poder solventar a sus hijos si se separa. Sumado a las amenazas de él, quien insiste con sacarle a sus hijos/as.

En cada episodio de violencia, vendrá el arrepentimiento del varón, y la mujer, una vez mas, tendrá la profunda y deseosa esperanza de que su pareja cambie, modifique sus conductas violentas.

Cada reconciliación, luego de un episodio de violencia física, se acompaña del arrepentimiento del varón y, las promesas de cambio. Pero el cambio sin ayuda no llega, y la mujer vuelve a padecer una nueva situación de violencia.

Al hablar, otro podrá colaborar buscando ayuda; o sólo escuchando y acompañando hasta que la mujer pueda pedir ayuda especializada.

La visibilización de la violencia es una tarea que demanda muchos años de trabajo continuo; esto es, que la sociedad “escuche” las formas de violencia hacia la mujer, por el sólo hecho de serlo, y se comiencen a instalar cambios ideológicos en el trato hacia ella.

Las instituciones públicas deberían ofrecer alternativas de asistencia especializadas donde la mujer pueda concurrir para recibir ayuda y contención.

Los crímenes de mujeres demuestran que aún estamos bajo los dictados de una sociedad patriarcal. Lo cual implica un conjunto ideológico, de valores y creencias que sostienen la supremacía del varón sobre la mujer. Lo que establece, por definición una asimetría de poder.

Esto permite al varón tomar las decisiones importantes dentro y fuera de la familia. Es importante mencionar que no todos los varones ejercen violencia hacia la mujer.

En una sociedad patriarcal, la desigualdad entre los géneros está instalada en todos los espacios públicos y privados. La mujer gana menos que el varón en iguales puestos de trabajo.

Cuando los hijos/as se enferman es la mujer quien pide los días en su trabajo; es quien administra y organiza el hogar.

Ella es quien hace malabarismos con los chicos/as, el trabajo, las compras, las tareas del colegio, llevar y traer a los niños a eventos, cumpleaños, etc. Esa desigualdad es lo que define una sociedad patriarcal, que desequilibra la balanza en favor de los varones.

Hoy, la violencia de género ocupa un espacio preponderante en los medios masivos de comunicación, dado que son ellos, los medios, los que han puesto en primer plano esta problemática de género.

La violencia en el hogar ha dejado de ser un tema privado, de puertas adentro y se ha convertido en un tema público. Continuar con las tareas de visibilizacion y concientización de la Violencia de Género es una tarea fundamental  para comenzar a producir un cambio

 

*Psicóloga-UBA. n

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