La Pilarica. En el barrio las calles se convirtieron en ríos.
Las inundaciones son un mal endémico y parecen incurables en Pilar, donde en cada lluvia, los vecinos rezan porque el agua no llegue a sus casas y aún mantienen las esperanzas de obtener una solución.
El domingo último, el aguacero causó estragos una vez más en el centro y la periferia pilarense. Los vecinos, cansados ante la falta de respuesta, comenzaron a plasmar en imágenes el calvario que viven cada vez que llueve.
La calle Lauría, los barrios, San Alejo, Agustoni, La Lomita, Las Margaritas y La Pilarica e incluso la ex ruta 8 se vieron anegadas. Allí, una mujer asegura que se quedó varada en el agua con su rodado cuando se dirigía al Hospital Sanguinetti.
Pocos desagües, el recorrido del agua que se escurre de la ciudad y pasa entre las casas en los barrios, falta de planificación, son las denuncias a las que desde el Municipio, nadie quiso responder en la jornada de ayer.
“Esto no es de ahora, pasó siempre y nunca nadie se interesó en darnos una solución”, aseguró Jimena Parreño, de la calle Lauría, que remarcó: “hace 13 años que vivo acá y cada vez que llueve esta calle se convierte en un río”.
La mujer aseguró que si bien el agua no llega a subir hasta su casa, al llenarse hasta las veredas, impide que los desagües de las casas hagan su trabajo: “nos entra agua de nuestro propios desagües, porque al inundarse la calle no deja que fluya”, explicó.
En tanto, Jimena señaló: “en épocas de clases es imposible pasar y los chicos llegan todos mojados, no es justo vivir así”.
“Lo que más nos preocupa es el peligro sanitario que causan las inundaciones porque se desbordan las cloacas y todo su contenido está en la calle por donde pasan los chicos”, remarcó Jimena.
Desde la 8
Un panorama similar se vio tras la avenida Estanislao López (ex ruta 8). Ya la misma calzada, parecía un río e incluso, la vecina Alicia Bani, cerca del mediodía, se dirigía al Hospital Juan Cirilo Sanguinetti, por una urgencia, cuando se encontró con la ruta anegada. “Tuvimos que subir a una vereda y estuvimos casi 40 minutos allí, por suerte pudimos salir del agua, porque no había forma de seguir con el auto”, relató la mujer.
Desde la 8 hacia el río de Luján, a medida que avanzaban las cuadras, el agua crecía cada vez más. Esta vez, nada tuvo que ver el río. Por el contrario, al llegar al cauce, el agua disminuía en las calles.
“No entiendo qué pasa que nadie nos da bolilla”, enfatizó con bronca Ramona Muñoz, mientras el agua le llegaba a la rodilla en el barrio La Lomita.
Pero los problemas de la falta de desagües subterráneos en Pilar afectaron a decenas de viviendas antes y después de la Panamericana.
“Ninguna autoridad tuvo en cuenta que toda el agua de la ciudad va hacía el río y pasa entre los barrios y a nadie parece importarle, porque no hacen nada por evitarlo y cada vez que llueve perdemos todo, como si nos costara poco”, disparó Ariel Pirone, que aseguró tuvo que abrir las puertas de la entrada y la del fondo en su casa para que el agua corra y no le arruine los pocos muebles que tuvo tiempo de levantar.
Sin salida
Los más comprometidos, fueron los que viven ya en la cercanía del Luján, donde el agua en las casas superaba los 50 centímetros, pero ante la presencia de lo Bomberos Voluntarios, los vecinos se negaron a retirarse a centros de evacuación, por temor a que les roben sus pertenencias.
“Si me voy, lo que no me rompió el agua me lo llevan los chorros, ya va a bajar, estamos acostumbrados a vivir en el olvido”, dijo Jaime, mientras aguardaba sobre una tarima alta, en la puerta de su casa.
En La Pilarica, los vecinos tampoco estuvieron a salvo del agua: “yo entiendo que cayó mucha agua de golpe, pero esto es un problema de infraestructura, acá vinieron tiraron un poco de asfalto y ni nivelaron”, lanzó el joven vecino, Mariano Reynoso, que agregó: “así no se hacen las cosas, además ni siquiera abren las zanjas o limpian las que están”.
Son muchas las denuncias de bocas de tormentas que no dan abasto o están tapadas, falta de desagües, zanjas cerradas o taponadas. Lo cierto es que con cada lluvia, el agua se escurre entre las casas provocando pérdidas materiales.
Paso a nivel
Otra denuncia de los vecinos de la calle Lauría es la inclinación del paso a nivel de la arteria con la calle Río Negro y Neuquén, que también se inundan.
“Hicieron una bajada muy empinada y la gente mayor no tiene de dónde agarrarse y se cae”, dijo Jimena Parreño, que señaló: “ayer (por el domingo) una anciana se lastimó toda al caerse en ese paso que está muy alto y no a nivel”.
