por Víctor Ejgiel
“Nuestro socio nos pidió que cuidemos el negocio”. Palabras más sabias, palabras más sinceras, palabras más necias y más descaradas que las que dijo el propio vocero de la Asociación del Fútbol Argentino, no existen.
¿Cómo puede ser que aquello que en su momento fue presentado como “la posibilidad de que todos puedan ver al equipo del que son hinchas sin pagar un decodificador”, hoy cuando todos sabemos que se transformó en otra cadena nacional de publicidad exclusiva del Gobierno nacional, tenga la potestad de decidir quiénes juegan el campeonato?
A esta altura nadie puede desconocer que ese verso del fútbol para todos se transformó en un poco mas de 30 minutos de publicidad exclusiva de obras del Gobierno nacional, incluso algunas mentiritas comprobables como las que escuché en algún entretiempo donde se dedicó a nuestro Pilar. Tal vez lo que no se imaginaron es que los pilarenses también lo podíamos ver. La verdad es que entre todos pagamos los minutos de publicidad más caros de la televisión, más caros que los de Tinelli o los de “El Elegido”, los bastiones de los otros canales.
Si hasta pagamos parte del yate de Schocklender ya que la publicidad de la fundación que administraba también tuvo su espacio.
Ahora como parece que el negocio no es tan rentable, digamos que la calidad del fútbol que hoy vemos en nuestro país nos hizo ver como nunca la liga española, la italiana o la inglesa, para ver si lo encontramos a Carlitos tocando la pelota como en otras épocas, a Messi gambeteando a 5 para poner el pase gol o hasta ver si aparece algún argentino en el Galatasaray de Turquía. Entonces había que encontrarle la vuelta al “negocio” que había perdido a uno de sus atractivos ya dado el descenso, y a algún sabiondo se le ocurrió esta idea loquísima de este torneo mezcla, con la excusa de la federalización, inexistente por cierto, y dejando de lado toda la tabla de méritos y castigos por los que muchos de los clubes “chicos” pelearon durante largo tiempo para llegar a Primera y mucho más para mantenerse.
Lo cierto es que en ningún país de los avanzados futbolísticamente, de esos de los que ya parecemos estar lejos, tiene un torneo de más de 20 equipos, largo, con ida y vuelta pero con la selección de los equipos que por los medios conocidos llegan a Primera.
Se descompensa también a todas las ligas posteriores, la B, la C y la D jugarán a algo para… ¿ascender? Los 1.200 millones de pesos que ahora todos nosotros pagamos para tener un gran decodificador gigante que nos sirve a todos, incluso al que nunca quiera ver fútbol, van para la cuenta de una entidad que se ve permanentemente como una orden mafiosa, donde las decisiones las toma una persona, que forma parte de una gran investigación internacional de coimas, como lo es la FIFA, y que en nuestro país parece ser el gurú del fútbol, ya que es el único que decide, no importa lo que opine la gente, por más que sea el 95 % de ella.
También decide quién recibe, cuánto y hasta incluso elige al técnico de las cada vez menos representativas selecciones nacionales, o mejor dicho sí, representativas de este tipo de entidad, no de los argentinos.
¡Cuánto se podría hacer si esos 1.200 millones de pesos se repartieran entre las tantas entidades de fútbol infantil, las verdaderas canteras de nuevas estrellas, que pelean a diario para conseguir las monedas para que sus chicos puedan competir!, y se deja el negocio del fútbol, como así lo denominaron ellos, en manos de quienes deben hacer negocios, que no es la función del Estado, y se aplican los recursos del Estado en otras cosas mucho más importantes que faltan hoy en día, pero claro, no tienen tanta publicidad.
