Tribunal del lector: Sí existe

12 de junio de 2011 - 00:00

 

por Víctor Ejgiel

 

El martes, leyendo El Diario, me encontré entre los comentarios con respecto a mi nota del domingo pasado, con una respuesta un tanto desesperanzadora, pero creo incierta. Por eso voy a aprovechar este espacio para defender a quienes siguen sintiendo la vocación en sus corazones para hacer de la educación algo mucho más que un trabajo.

Por supuesto que muchas maestras de “las nuestras” para llamarlas cariñosamente, tenían y tienen en el alma esa vocación de servicio que escapa a la obligación laboral de enseñar, pero también hoy en día existen y son muchas quienes se suman a ese hermoso pedestal.

Este es un mundo donde la necesidad de trabajo es lógica y necesaria y la docencia es una buena salida laboral, lo sé, pero esta puede ser la opción de un puñado de maestras y maestros, pero no todos. Te vas a encontrar con hijos e hijas de quienes educaron un Pilar hoy adulto y que han vivido en sangre propia, te lo digo por experiencia, lo que es compartir una madre con un montón de chicos creciendo, con los dolores de cabeza, con los cansancios, con los dolores de espalda, los ataques de hígado, y demás que llegaban sólo a casa, porque en la escuela se estaba 10 puntos, ellos así lo necesitaban. Y no sólo esos hijos que no por revancha eligieron la vocación sino también quienes vieron en ellas el reflejo de lo que se quiere ser como persona, porque la maestra era y es un modelo de ello.

Todos estamos de acuerdo que la escuela no es lo que era hace unos años, en realidad la sociedad tampoco lo es, y entonces la adaptación no siempre es la mejor, y a veces se intenta cómo hacerlo con buenos y malos resultados, pero el intento sumado a las ganas y la capacitación no sé si alcanzan pero seguro que sirven. Yo puedo asegurar, y lo digo con causa, que existen docentes con vocación, que no serán todos, pero que son muchos a los que les importa mas allá de enseñar, formar buenas personas, responsables de sus actos y concientes de sus decisiones, y para comprobarlo sólo es necesario acercarse a la escuela.

Esa sociedad que se fue modificando perdió sus tiempos para llegar a la escuela de nuestros hijos, perdió las ganas de ir a los actos donde ellos se expresan ante los demás, perdió el contacto que se transformó en un simple cuaderno de comunicados que sólo puede informar pequeñas situaciones de un mundo gigante.

Entonces, no sólo hagamos culpables a las escuelas en su recinto interno y busquemos nuestras propias responsabilidades de participación, nuestros hijos no sólo necesitan una ayudita en casa con el trabajo práctico, con la tarea, con los dibujos, necesitan vernos en la escuela hablando con la maestra, escuchando lo que ella dice de cada uno de ellos, porque es la interlocutora, es la encargada de encontrar el camino de la educación que por supuesto no tiene un único guía, y hablando seguro la cuerda siempre se tirará para el mismo lado.

Entonces la escuela no es sólo de los docentes, es de todos, y como todo, si no participamos, si no colaboramos, esa institución se derrumba como creemos que sucede hoy en día. Siempre la escuela funcionó con esa sencilla mezcla docente-familia para amasar criterios y conductas que tal vez encuentren el rumbo de este mundo tan disperso y sin horizontes, por lo menos visibles a simple vista.

La única de manera de ayudar en la educación de nuestros hijos es participando, todos quienes estamos en la educación los estamos esperando.

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Las Más Leídas

Tras ser impactado por el tren, el auto quedó volcado junto a las vías. 
ESCALONADO. El boleto de trenes aumentará 60% hasta septiembre.

Te Puede Interesar