Tribuna del lector: Mi colectora para octubre

domingo, 29 de mayo de 2011 · 00:00

 

por Dr. Marcelo Sorgente

 

La implementación de las “colectoras” para las próximas elecciones pueden ser una buena oportunidad para un tipo “oportunista” -como lo pretendo ser yo- y otros tanto que alquilan locales en los barrios. Sin embargo, mi método es diferente al de los múltiples candidatos a jefe comunal que se repiten por ahí. Yo no voy a habilitar una colectora para sumarle votos a un candidato a presidente, sino todo lo contrario. Voy a abrir un abanico de colectoras presidenciales que “colecten” votos para mi candidatura a intendente y de última, como premio consuelo, asumir como concejal. Mi estrategia es abarcar todo el arco político: desde oficialistas a opositores. Todos serán bienvenidos.

Kirchneristas, duhaldistas, alfonsinistas, lilistas, radicales, socialistas, Proyecto Sur, etc., serán mis colectores electorales. Voy a estar colgado en todas las listas. Desde lo ideológico ya tengo armado no sólo un doble discurso, sino cuatro o cinco más. Si me preguntan por derecha, daré respuestas en ese sentido. Si me apuran por izquierda imaginaré comentarios que se ajusten con la “zurda”. Según la ocasión, en mis variados discursos hablaré del “pueblo”, de los “ciudadanos”, de los “compañeros”, de los “correligionarios”, de los “camaradas”, de la “gente”, los “chacareros”, la “Sociedad Rural” o del “proletariado”. Mi eslogan de campaña será: “No piense, yo pensaré por usted y su familia. Vote por mi”. “Mateto Intendente”. Estoy dispuesto a recibir sugerencias y frases “huecas”... digo hechas..., que me acerquen a mi único objetivo que es llegar al sillón de Lorenzo López. Para mí todo sirve, todo suma.

Voy a acompañar, sí o sí, los pensamientos de mis interlocutores ocasionales. Opino de todo y sobre todo (farándula, policiales, etc.) sin fundamento político o, tal vez, sí, no lo sé. Si viene la gente que quiere separar a Derqui de Pilar, les voy a decir que soy el primer “separatista y autonomista del país”. Los arengaré en el barrio Monterrey: “¡Los banco a muerte en esta patriada!” (me tendré que comprar un GPS porque ignoro dónde queda ese lugar). Si luego un par de ñatos me recomiendan que sería un error que la vecina localidad deje de pertenecer a este distrito, ahí sin dudarlo manifestaría mi oposición a este proyecto segregacionista, diría: “¡Es una locura y un disparate que atenta contra la integridad y la unidad histórica del distrito!”

Mi lógica, mi norte, sur, este u oeste, será siempre decir lo que la gente quiera escuchar. Seré tribunero o demagogo o no seré nada de eso o ambas al mismo tiempo. Seré pragmático, gorila o peronista. Todo me da igual.

Cuando sea intendente haré... ¡ah! ya sé. Para los fervientes creyentes y de vocación religiosa organizaré las más fastuosas Fiestas Patronales que se puedan imaginar, invitaré hasta el mismísimo Sumo Pontífice. Para los ateos o los agnósticos realizaremos las más impresionantes Fiestas Paganas que el decoro y la ley nos permitan.

Cuando las circunstancias lo ameriten ofreceré mi mejor cara que es la de un gran demócrata y garantista.

Si los ánimos están caldeados mostraré mi único rostro -el mismo del ejemplo anterior- y aparentaré ser un autoritario.

Besaré a bebés en los brazos de sus progenitoras, acariciaré a niños con dedos pringosos y abrazaré a ancianos en los asilos. Trabajaré infatigablemente para que todo mi trabajo en el Municipio lo hagan mis colaboradores y ellos los deleguen a sus empleados.

Me comprometo a comportarme como oficialista o como opositor o -si es “ne’sario”- como las dos cosas juntas o todo lo contrario.

Ante un auditorio homogéneo me expresaré con nostalgia o con tono crítico de los ´70, ´80 y ´90, según la visión de los presentes sobre esas décadas.

Asentiré lo que haya que asentir y desmentiré lo que haya que desmentir así sea sobre un mismo asunto y sin ponerme colorado. Mi actuación política será sin culpa.

Ejerceré la contradicción de forma sistemática y profesional. Mi léxico y mi mensaje estarán cargados de palabras que no dicen nada, pero suenan bien, casi, casi, tendrán la exquisitez de un pensamiento profundo. Ante una pregunta complicada de algún periodista molesto le responderé con otra pregunta: “¿Usted qué quiere?”

Ya encargué algunas boletas a una imprenta local, pero la complicación está en los pre candidatos presidenciales que se bajan. Me pasó hace un par de semanas. Pedí 15 boletas de Mauricio Macri y 18 de Fernando Pino Solanas. Me salió como 80 mangos. ¿Y que pasó? Ambos decidieron, arbitrariamente, abandonar sus intenciones presidenciales e ir por la intendencia de la Ciudad. Muchachos, eso no se hace con las aspiraciones ajenas. Intenté convencer al imprentero que no me cobre el trabajo y a cambio le ofrecí un cargo cuando yo sea intendente. ¡Qué divertido es ofrecer cargos! Me respondió casi enojado y elevando el tono de voz: “Esta bien, dejá, si no podés ahora, me pagás a fin de mes”, mientras me tomaba, junto a dos dependientes, de los fundillos del pantalón y me lanzaban bruscamente hacia la calle. Mo me ofendí ni reaccioné para no perderme sus votos. Ya saben, ya estoy lanzado. No los voy a defraudar o sí. Pero lo más importante en sus miserables vidas es ir a votarme. Yo les avisé. Sino váyanse a llorar junto al calefón. n

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