por Víctor Ejgiel
Esta semana recibí un mail, uno de esos tipo spam (de los que se mandan para tooooodoooooooossss), donde se hace referencia al cierre de fábricas nacionales que en su momento migraron su producción a Brasil, y las nacionales que intentan competir contra ellas.
El 779 es el inicio del código de barras que contiene cada producto y que indica su procedencia, lógicamente ese inicio corresponde a la Argentina. La idea de este mail surge de concientizar sobre el famoso “compre argentino”, instando a adquirir productos de origen nacional por sobre los importados. Como idea no es mala, pero para el bolsillo de cualquiera es pésima.
Tal vez más que pensar en que cada uno de nosotros se encargue de mantener la producción nacional a costa de nuestro dinero habría que pensar primero por qué esas empresas que fabricaban en nuestro suelo en su momento se fueron al país vecino. Si hacemos un poco de memoria hace no mucho tiempo atrás, muchas empresas perdieron el sustento legal para cualquier discusión que requiera arbitraje y las soluciones provenían de decretos nacionales que se sobreponían a cualquier legislación perdiendo todo derecho propio. Y como para el común de la gente, el empresario es el malo, la decisión siempre fue negativa para él, y cuando se cambian reglas de juego, en el medio del juego mismo (por más que el trabajo no lo es), siempre son para perjudicar a una de las partes.
Si a eso le sumamos que en Brasil había un presidente proveniente de las bases mismas del verdadero trabajo, que conoce las verdaderas necesidades de sus conciudadanos y que sabe que mas allá de la recaudación que un país ostenta para mantenerse está la felicidad que en cualquier persona despierta la posibilidad de trabajar, la ecuación es perfecta, se van.
Si en un país se le quita a un trabajador cerca del 30 % de lo que gana para mantener un paquete de medidas y bancar a los que no trabajan, esa ecuación es mala. Habría que rever qué costos le suma a cada producto nacional ese socio para las ganancias que es el Estado, habría que mirar por qué cada trabajador que cumple correctamente su tarea diaria mantiene con parte de su sueldo a otros tantos que bajo la consigna de un plan no son incorporados al sistema laboral privado, que son quienes deberían pagar sueldos y no el Estado nacional que se debería encargar de otras cosas.
Ninguno de nosotros invertiría sus ahorros en una empresa nacional si no tiene la seguridad que nadie le cambiará la legislación a mitad de camino, nadie le quitará la posibilidad de vender donde sea, o como sea, entonces no desliguemos la responsabilidad de mantener una producción mas allá de las decisiones del Estado nacional. Soy un ferviente defensor de la libertad de elección, hace más de veinte años que convivo ofreciendo, en mi actividad privada, con productos de distinto origen, y siempre explico las características de cada uno para que la decisión de compra la tenga el usuario, y no negarle esa posibilidad por caprichos propios. Mejoremos la calidad y revisemos los costos (incluidos los impuestos) para competir sanamente como corresponde y seguro no hará falta ninguna campaña para el “compre argentino”.
