¿Era necesario?

6 de noviembre de 2011 - 00:00

 

por Víctor Ejgiel 

 

Hoy lloramos a muchos chicos, a muchos adultos inocentes que fueron víctimas de esa violencia vial que parece no tener solución.

Mientras algunos demoran, tal vez por algún acuerdo previo, las decisiones que pueden devenir en un control más estricto de las rutas argentinas, en unas necesarias mejoras de ellas a pesar de los peajes que pagamos, otros irresponsables se encargan de seguir violando las normas de tránsito, esas que todos deberían aprender en el momento previo a la obtención del registro que le permita dirigir un arma de ruedas sean dos, cuatro o las que sean.

Todavía existe el tarado, otra palabra no me cabe, que dice que las multas de tránsito siguen un fin recaudatorio, lamentablemente por este detalle o por simples legalidades con relación a los equipos, muchas infracciones no son tenidas en cuenta. Los que dicen que primero hay que educar les digo que, supuestamente porque yo lo hice, en el momento de sacar mi primer registro de conductor, tuve que estudiar cada una de ellas y me han preguntado en un cuestionario bastante simple si las sabía. Es más, estoy completamente seguro que los conductores conocen muy bien el significado del rojo en un semáforo, de la línea amarilla en un cordón de calle, del número que indica el máximo en cada ruta o calle, y muchos de los que en los barrios cerrados y countries no superan jamás los 20 o 30 km. que les exigen dentro, toman las calles de cualquier lugar de afuera como autopistas. Aquellos que se suben a una moto sin el casco también miran los noticieros donde aparece cada muerto por no usarlo.

Pero no sólo la culpa es del que maneja un vehículo, el peatón, ese que exige que un auto le permita el paso en la esquina, también cruza la calle en cualquier lugar, lo hace escuchando música, mirando o hablando por teléfono, totalmente desconectado de la situación que pudiera ocasionar. También hay culpa en quienes deben controlar, es sabido que el argentino no tiene cultura de respetar las normas, es más, muchas veces se aplaude al infractor, en una picada, en un sobrepaso, en una carrera, en un nuevo récord de llegada a… Dios quiera saber a dónde.

Entonces no queda otra que controlar, si basta ver cómo cada año disminuyen los accidentes en la ruta 2 sólo porque se llena de controles. Gente, no discuta si una multa por pasar un semáforo en rojo tiene un valor de dos mil o cuatro mil pesos, si no las van a cometer, y no existe el famoso “y por ahí en alguna emergencia”, ya lo decía Napoleón “vísteme despacio que estoy apurado”, el otro día leí por ahí: “vi tantas liebres correr al pedo que disfruto tanto ser tortuga”.

Mientras nosotros mismos no tomemos conciencia y quienes deben encargarse de hacerles entender a quienes no la tomen no lo hagan, los conocidos “accidentes de tránsito” seguirán siendo simples ASESINATOS. n

 

 

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