tribuna del lector: Tengo que hablar con vos

domingo, 9 de octubre de 2011 · 00:00

 

por Víctor Ejgiel 

 

Uy y que miedo daba cuando mamá o papá tiraban esa frase matadora, porque generalmente venía acompañada de alguna reprimenda necesaria por algún delito infantil. Sin embargo, hoy en día el tema que me permite tirar esta frase es otro.

La no tan nueva ley de educación sexual integral creada allá por el año 2006 y que deviene de otras tantas leyes precedentes, llega para permitir una orientación y difusión de conocimientos desde la escuela de todo aquello que a sexualidad concierne. Y es necesario aclarar que sexualidad no significa ni baile del caño ni prostitución, que sexualidad significa identidad, significa salud, significa individualidad, significa entender que somos personas plenas desde el nacimiento y desde el mismísimo conocimiento poder discernir y fundamentalmente prevenir.

Como bien fue explicado desde las distintas instancias de capacitación docente que se vienen dando respecto a este tema, la ley de educación sexual integral no requiere permiso alguno, nadie busca desautorizar la opinión de nadie, pero la fuerza de ley otorga la propiedad de enseñar, desde los niveles iniciales inclusive, todo lo que un niño necesita saber para no caer en la desinformación que lleva a desenlaces no queridos, a problemas de salud evitables, a demanda psicológica posterior.

La posibilidad de entender el propio cuerpo, de cuidarlo, de limpiarlo, de protegerlo y de acompañar cada desarrollo desde el conocimiento previo evitará la compleja respuesta del después, la búsqueda de porqués y si hubiera hecho tal o cuál cosa. Y como educadores todos, desde la transversalidad, tenemos la obligación de participar en esta tarea de la prevención. Que se entienda bien, nadie permisionará la actividad sexual ni oficiará de cafiolo alguno, este tema se refiere a muchas otras cosas de las que probablemente no estemos acostumbrados a hablar pero que será necesario hacerlo para que las futuras generaciones no pequen de desconocimiento y enfrenten la realidad con las armas que la escuela también les dio.

Como siempre, la tarea no es individual, no es sólo docente, es familiar, es social, es también religiosa y es fundamentalmente comprometedora. Nadie puede desoír el llamado a enseñar y aquel que no se sienta capacitado sepa que se arbitran permanentemente los medios para hacerlo, desde el CIIE Pilar al que lo pueden encontrar hasta en el Facebook.

Docente es una palabra muy grande que supera ampliamente a cada contenido que llega desde la Dirección General de Escuelas, todos sabemos el grado de responsabilidad que tenemos en la formación de cada chico, es por ello que evitar este llamado es negarse a educar.

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