Pellegrini para rato

18 de abril de 2010 - 00:00

por Víctor Ejgiel

Ha sido una gran noticia el hecho de poder iniciar las clases de la nueva filial de la Universidad de Buenos Aires en el glorioso Instituto Carlos Pellegrini. Por una parte, felicitar y agradecer al intendente por cumplir con su palabra, cosa que no pudieron hacer tantos otros tal vez más encumbrados políticamente. Pero, porque siempre hay un pero, me gustaría saber qué se puede hacer con el resto de las importantísimas cosas con las que contaba dicho instituto.

Coincidió en los últimos días que, de paso por el shopping del centro de Pilar, me encontré con las imágenes capturadas por muy buenos fotógrafos en la muestra sobre el Pellegrini. Verdaderamente sentí una tristeza interna gigante, cuando fue lo del incendio y después que llegaban las noticias del estado de abandono, nunca quise ir, no me sentí con las fuerzas necesarias, pero jamás imaginé que dicho abandono era de tal magnitud.

Fui un orgulloso alumno del glorioso instituto y aprendí a amar esas aulas y todo lo que ellas contenían. En mi época de estudio el colegio era una escuela técnica donde pude aprender gracias a la increíble cantidad de maquinarias y excelente nivel de profesores, todos los hoy conocidos como oficios, pero con el sustento teórico que los hacen ser parte de la técnica. Recuerdo que los equipos de tornería, la fresadora, el taller de carpintería, el sector de herrería, eran envidiados por muchos colegios de los alrededores, a los que les era imposible acceder a semejante instrucción.

Recuerdo también como si fuera ayer, que la biblioteca era impresionante, y no exagero en el elogio, era realmente impresionante, y lo afirmo porque durante seis años fui usuario constante, incluso como ex alumno y en mi paso por la facultad pude pasar por allí para recabar información para mis estudios.

Los estudiantes de años anteriores habían realizado una investigación que permitió crear un pequeño librito que narraba la historia completa del instituto, desde la donación de los terrenos por el mismísimo Carlos Pellegrini, la creación del colegio como modelo nacional de enseñanza, los materiales de construcción, entre los que recuerdo los mármoles de las escaleras traídos especialmente desde Italia de la zona de Carrara, los muebles franceses, el busto de Lola Mora.

Pero recuerdo también una vitrina repleta de trofeos que muchos de sus alumnos obtenían en los, por aquel entonces, conocidos torneos del colegio militar donde se competía contra otros chicos entrenados a nivel militar, y se ganaba.

También recuerdo con mucho cariño a cada uno de los “tumberos”, esos chicos con carátula de malos que lo único por lo que estaban allí era  porque la mayoría no tenía una familia que los ampare o que los haya podido guiar, y el colegio lo hacía, y entonces uno se daba cuenta que malo era un apodo que no existía, que muchos lograron rehacer su vida.

Recuerdo mucho más, recuerdo personas, muchas que no quiero nombrar porque seguro olvidaré alguna y no sería justo, recuerdo hechos, pero no voy a terminar solicitando lo que motivó esta nota que es saber qué se puede hacer con las herramientas que el colegio tiene, si es que todavía están, esos talleres que son una pequeña fábrica y que podrían enseñar esos oficios de una manera práctica efectiva.

Qué se puede hacer con el increíble campo de deportes, con pista de atletismo que me cuesta encontrar en otro colegio estatal, con lo que quedó, si quedó algo de la biblioteca incendiada, de la que siempre me costará creer que haya sido un incendio casual.

Sé que poner en marcha la Universidad de Buenos Aires ha sido un gran esfuerzo por parte del Municipio, y por supuesto lo agradezco, me han renovado las ganas de visitar esos muros, y pido, por supuesto dentro de las posibilidades, buscar soluciones a estas otras oportunidades que también pueden servir a muchos más de nuestros jóvenes, el deporte y el trabajo los aleja de tantas otras cosas que no les preparan un buen futuro.

Como “forati” ex alumno agradezco lo hecho, y como no puede ser de otra manera, pido un poquito más. Pero igual, ¡gracias!

 

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