El museo de la Fondation Beyeler, en las afueras de Basilea, en Suiza, sorprendió este viernes 1 de mayo con una propuesta poco habitual: invitar al público a disfrutar de la exposición inspirada en celebre serie de “bañistas” de Paul Cézanne vestidos con trajes de baño.
La acción, desarrollada en colaboración conceptual con el artista Maurizio Cattelan, transformó la visita tradicional en una experiencia performática. El museo ofrecía vestuarios para quienes quisieran cambiarse allí mismo, y en determinados horarios la entrada podía ser gratuita si se respetaba el “dress code” acuático.
La idea convirtió al público en parte de la muestra. (Infobae).
La idea convirtió al público en parte de la muestra. (Infobae).
La idea convirtió al público en parte de la muestra: visitantes caminando entre obras de arte vestidos como si estuvieran en una playa o piscina dialogan con las pinturas, borrando la línea entre espectador y obra. Y esa es justamente la apuesta: romper las reglas del museo clásico y convertir la experiencia en algo vivo, incómodo y memorable.
Incluso hubo incentivo: quienes llegan en traje de baño pueden entrar gratis.
Algunos lo definen como “absurdo”, otros como “divertido”, pero todos coinciden en que es una experiencia distinta.
Más allá del gesto llamativo, la intervención planteó una reflexión propia del arte contemporáneo: qué ocurre cuando la imagen deja de estar en el cuadro y se traslada al visitante, convirtiendo al espectador en parte activa de la obra
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