Hay historias que no se cuentan solo con palabras, sino con emociones que atraviesan generaciones. Malvinas es una de ellas. Y en ese entramado de recuerdos, ausencias y nombres propios, hay una melodía que vuelve una y otra vez, como un llamado: la Marcha de Malvinas.
Mucho antes de 1982, esa canción ya hablaba de distancia, de neblinas y de un territorio que parecía lejano, pero nunca ajeno. Sin embargo, fue la guerra la que la convirtió en un símbolo profundo. Aquellos días de abril marcaron el inicio de un capítulo que todavía duele, que todavía interpela. Jóvenes soldados, muchos sin experiencia, enfrentaron el frío, el miedo y la incertidumbre en un escenario hostil, lejos de sus hogares y cerca de la historia.
La canción acompañó ese tiempo. Sonó en radios, en actos, en voces quebradas. Y con el paso de los años, dejó de ser solo una afirmación para transformarse en memoria viva. Porque Malvinas ya no es solo un reclamo: es también el recuerdo de quienes no volvieron, el testimonio de quienes sobrevivieron y el compromiso de quienes siguen preguntándose qué pasó.
Cada 2 de abril, en el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, la escena se repite. Banderas, nombres leídos en voz alta, miradas que se humedecen. Y en algún momento, inevitablemente, la marcha vuelve a sonar. No como un simple acto protocolar, sino como un puente entre el pasado y el presente.
La letra pertenece a Carlos Obligado y la música a José Tieri. Obligado era hijo de Rafael Obligado, el autor de Santos Vega, y estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y luego se doctoró en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). José Tieri, de Sunchales, Santa Fe, era compositor, pianista y saxofonista. Formó parte de las orquestas de René Cóspito y Eduardo Armani a la vez que tocaba el órgano en la Catedral de Salta, donde compuso también el Himno a la Antártida.
La marcha transmite cuatro ideas centrales:
- Memoria: no olvidar las islas, aunque estén lejos (“manto de neblinas”).
- Soberanía: afirma que las Malvinas son parte de Argentina.
- Reclamo: expresa rechazo a la renuncia del reclamo, aludiendo al dominio del Reino Unido como “extraño pabellón”.
- Sentimiento colectivo: mezcla orgullo, dolor y esperanza.
En un mundo que muchas veces avanza rápido, Malvinas obliga a detenerse. A escuchar. A recordar que detrás de cada fecha hay vidas, decisiones y consecuencias. Y que la memoria, cuando es colectiva, se vuelve también una forma de construir futuro.
La verdadera dimensión de Malvinas no reside únicamente en su geografía, sino en su significado. Malvinas es una experiencia histórica que forma parte de la identidad argentina. Es una herida, pero también es una responsabilidad. Es el recuerdo de una guerra, pero también es la conciencia de que el sentido de esa guerra continúa construyéndose.
Por eso, la batalla invisible que Argentina aún debe dar no es una batalla militar. Es una batalla contra el olvido. Es la batalla por preservar el significado de lo ocurrido. Es la batalla por garantizar que el paso del tiempo no transforme la memoria en indiferencia ni la historia en una simple referencia lejana.
Y mientras haya alguien que cante, que pregunte o que recuerde, Malvinas seguirá siendo más que una página de la historia. Será, siempre, una causa que convoca.
PARA QUE CANTEMOS TODOS: LA MARCHA A LAS MALVINAS en LSA (Lengua de Señas Argentina).
ESTE 2 DE ABRIL: ¡CANTEMOS PARA RECORDAR Y HONRAR!
¡LAS MALVINAS SIEMPRE NOS CONVOCAN!