La Esquina de Argúas, situada Coronel Vidal, una pequeña localidad de la Costa Atlántica, en el partido de Mar Chiquita, es la pulpería más antigua de la Argentina y de las pocas que siguen en pie en la provincia de Buenos Aires.
La pulpería se encuentra en Coronel Vidal, una pequeña localidad de la Costa Atlántica y, pese al paso del tiempo, recibe a sus comensales hace 207 años. Detalles.
La Esquina de Argúas, situada Coronel Vidal, una pequeña localidad de la Costa Atlántica, en el partido de Mar Chiquita, es la pulpería más antigua de la Argentina y de las pocas que siguen en pie en la provincia de Buenos Aires.
La historia cuenta que don Juan de Argúas fue su primer propietario, aunque la posta ya estaba. En aquellos años, había alrededor de 500 pulperías en toda la provincia, separadas por quince kilómetros cada una. Como suele suceder, el apellido del pulpero se trasladó a la pulpería y al paraje.
La Esquina de Argúas está emplazada en un lugar de privilegio, en el camino que une Coronel Vidal con la estancia El Durazno, la primera del distrito, hoy propiedad de la familia Saubidet. En el año 2018, esta familia suscribió un comodato a partir del cual cede este inmueble en calidad de préstamo y uso gratuito a la Municialidad de Mar Chiquita, con el propósito de su puesta en valor y utilización para actividades culturales y visitas turísticas.
Forma parte del listado de “Bienes Culturales” que figuran como patrimonio histórico-cultural del Partido de Mar (Ordenanza Municipal Nº 93/91).
La construcción conserva sus características originales, de rancho antiguo de adobe bien conservado, con su mostrador y enrejado intactos. Era utilizado como punto de comercialización en la campaña bonaerense, donde se vendía desde alimentos y vestimenta hasta calzados y medicinas, funcionaba como oficina postal y punto de encuentro social.
Las premisas del lugar nos cuentan historias; su supervivencia nos transporta al pasado. Las pulperías supieron ser, algunos siglos atrás, los primeros establecimientos comerciales y sociales de Argentina.
Pasar por ellas no era solo cuestión de comer o tomar algo. Servían como centros de intercambio cultural, económico y político desde el siglo XVIII al XIX. Funcionaron como puntos de encuentro para gauchos, viajeros, comerciantes y políticos, contribuyendo a la consolidación de la identidad nacional y la difusión de la cultura criolla. Dicen que por ella pasaron Juan Manuel de Rosas, Dardo Rocha y José Hernández.
La Esquina de Argúas es una de las pocas que todavía conserva su estilo original. Tiene un piso de tierra liso y duro, un característico techo a dos aguas y paredes de barro.
En su salón se observan un par de mesas, cuyo espacio está separado del mostrador por una reja. Los locales siguen acudiendo al lugar como el primer día. Cantan, charlan, comen y beben, con vasos en alto y las boinas bien ajustadas a la parte superior de la cabeza.
Decoran el lugar una mesa de pool, una imagen de la Virgen del Luján, cuchillos varios y almanaques de años que quedaron atrás. Es la mezcla perfecta, miscelánea y peculiar como ella misma, entre lo que es y lo que alguna vez fue.
La particularidad que tiene esta pulpería es que no perdió la esencia. En su momento fue el atender este gaucho que por horas cabalgaba en la llanura pampeana con el sol en la nuca y llegaba a la pulpería y este era su lugar de oasis, su lugar de encuentro, para escuchar a alguien o tomar un trago, acá descansaba también. Y en la actualidad es un poco eso, pero para disfrutarlo, para recordar quienes fuimos y quienes fueron aquellos que forjaron nuestra historia.
En el predio sólo se escucha el ruido de las aves y la presencia de los caballos y las vacas, pero se respira una energía especial. Se trata de uno de los lugares más antiguos del partido de Mar Chiquita, donde se forjó la identidad del distrito.
La pulpería es una parada obligada de quienes frecuentan estas soledades. A 20 kilómetros de Coronel Vidal, el ruido y la realidad actuales no llegan hasta esta esquina; el camino de tierra que une el siglo XXI con el XIX, al que todavía parece pertenecer esta precaria construcción, es arenoso y cuando llueve la esquina campera queda aislada. Hombres en viejas camionetas, que en el campo llaman “catango”, caballos y algunas 4×4 paran para recrear la ceremonia de hablar con su pulpero y tomar un aperitivo. El mismo que, con boina y bombacha de campo, enseguida pregunta qué queremos tomar y nos prepara una picada abundante y generosa, con salame, queso, jamón y pan. Y atiende desde el otro lado del mostrador y los vemos a través de las rejas.
Un mástil sin bandera se ve en la entrada de la pulpería. Allí no hace falta izar nada, la Esquina de Argúas es un símbolo argentino.
