Cada 11 de julio se celebra el Día del Bandoneón en Argentina. Esta fecha fue declarada en el año 2005 por el Congreso Nacional mediante la ley 26.035 y sancionada el 18 de mayo de ese mismo año.
Cada 11 de julio se celebra el Día del Bandoneón en Argentina. Esta fecha fue declarada en el año 2005 por el Congreso Nacional mediante la ley 26.035 y sancionada el 18 de mayo de ese mismo año.
El día elegido para esta efeméride es en homenaje al nacimiento de Aníbal Troilo, el "Bandoneón Mayor de Buenos Aires", más conocido como “Pichuco”, compositor y director de orquesta y emblema de nuestro tango. Esta ley fue impulsada por Francisco Torné (nieto de Zita Troilo) y el poeta Horacio Ferrer, presidente de la Academia Nacional del Tango.
Un 18 de mayo del año 1975 fallecía, en Buenos Aires, el bandoneonista, compositor y director de orquesta de tango Anibal Troilo, "Pichuco", el bandoneón mayor de Buenos Aires. Compuso alrededor de 60 obras, clásicos de la música ciudadana, que perduran en el tiempo.
Nació un 11 de julio de 1914 en el barrio porteño del Abasto. Sobre su apodo, que lo acompañó desde niño, contaba: "mi padre tenía un amigo a quien llamaban Pichuco. Sobre mis primeras lágrimas de niño, con su dulzura de hombre, acaso feliz mi padre trató de calmarme: “Bueno,.. Pichuco... bueno”. Y me quedó para siempre".
El bandoneón, según la clasificación de los musicólogos Eric von Hombostel y Curt Sachs, es un aerófono portátil con botones, accionado a fuelle, con ejecución simultánea de ambas manos, por acción del aire a presión, con un sistema de lengüetas metálicas. Del lado derecho se encuentran los denominados cantos afinados y del lado izquierdo, en una octava más baja, los graves.
Los bandoneones pueden ser cromáticos o acromáticos. Los cromáticos emiten la misma nota abriendo o cerrando el bandoneón, los primeros en fabricarse, y que continuaron usándose en Europa. En los acromáticos, abriendo emite una nota y cerrando emite otra diferente, pudiendo así obtener disonancias o asonancias. Los acromáticos fueron adoptados por los intérpretes del tango.
Al contrario de lo que sucedió con otros instrumentos del tango, el origen del bandoneón es un tema en el que los historiadores sólo se han puesto de acuerdo en el lugar de su nacimiento: Alemania. No así en el nombre de su creador. Algunos atribuyen su invención a Carl Friedrich (o Herman) “Uhlig” (1789-1874) nacido en un pueblo llamado Chemnitz en Sajonia.
Alrededor de 1830 y para la feria de Leipzig, Uhlig presenta allí un instrumento que, modificando la concertina inglesa de cajas hexagonales, va adquiriendo la forma que actualmente tiene pero solamente con cinco notas en cada uno de sus lados, ahora cuadrados. El instrumento recién nacido se mostró imprescindible para reemplazar al órgano, por su alto costo y difícil traslado, en los oficios religiosos y funerales, así como en las procesiones callejeras. Se lo ejecutaba colgado del cuello y comenzó luego a ser utilizado para acompañar jubilosas danzas en Baviera y Hamburgo.
Pero quien inició su producción artesanal fue Heinrich “Band” (1805-1888), nativo de la ciudad de Krefeld. De su apellido deriva el nombre con que se lo conoce mundialmente “Bandoneón”, con sus diversas variantes como Bandonium, Bandonión, Bandonio, Bandoleón. En la Argentina se lo llama cariñosamente Bandola, pero su nombre más común entre los cultores del tango es “Fueye”.
Más tarde se comenzó a fabricar a escala industrial, Fue Alfred Arnold quien en 1864 lanzó al mercado su afamada marca “A-A”, y quien en 1911 fundó la “Alfred Arnold Bandonión, Konzertina und Piano Accordión Spezlal Fabrik”, que fabricó hasta 1949 con interrupciones durante las dos guerras mundiales, las marcas “Premier” y “América”, además de las antes nombradas.
La prestigiosa casa Hohner, produjo las marcas Germania, Tango, “La Tosca, Concertista, El Pentagrama y Cardenal. También la firma Mainer y Herold produjo bandoneones con la marca “3B”. Fuera de Alemania se conocen instrumentos hechos en Brasil por Danielson, los que no tuvieron éxito entre los ejecutantes argentinos, aunque en el sur del país y en el litoral argentino se sigue usando para interpretar música folklórica de esa región. En Italia se elaboraron por la fábrica Panzotti , y se han hecho instrumentos en Japón.
El Bandoneón fue creciendo, con el tiempo y sus distintos usos en tamaños y cantidades de notas; desde aquel primitivo de Uhlig hasta el modelo actualmente usado de 71 teclas: 38 en la parte derecha y 33 en la izquierda, y un total de 142 voces.
Los hay de colores negros, marrones, amarillos y aún blancos. Sus cajas tienen distintas presentaciones: desde los originales con vértices agudos, hasta los actuales con ángulos ochavados con la clásica lira. Algunos modelos tienen incrustaciones de nácar y como curiosidad, se señalan los llamados “Luis XV” con pequeñas elevaciones en sus extremos, los bordes externos de la caja ligeramente cóncavos y con un profuso varillado metálico.
Si es discutido su origen, mucho más lo es cuando y quien lo introdujo aquí. Sobre el tema hay también numerosas hipótesis y versiones: Augusto P. Berto dice que fue un marinero inglés, Tomas Moor quien trajo consigo de 32 teclas. Héctor Bates sostiene que fue un brasileño de nombre Bartolo y Eros N. Sirl que un tropero de nombre Pascualín, traído de Alemania. Otros opinan que un hijo de Band vino con su instrumento que había fabricado su padre y dio las primeras lecciones sobre su uso a un nativo, José Santa Cruz, quien luego transmitió sus conocimientos a sus seguidores.
Lo único cierto es que llegó al puerto de Buenos Aires hacia 1870, sin que se conociera su mecánica y su técnica, sin tradición musical, virgen y vacío, es decir sin historia. Cuando alcanzó notoria difusión a través del tango, comenzó a importarse de Alemania, primero por la firma de Emilio Pitzer, luego por las de Sharp y Veltrem, Oehrtmann, Romero y Fernández y Casa América. Hubo un intento de fabricarlos en Argentina por la casa Luis Mariani, cuando su importación de Alemania quedo bloqueada por la Segunda Guerra Mundial, pero esa loable iniciativa quedó trunca por diversas causas.
El bandoneón es muy popular en Corrientes, cuna del chamamé. En la provincia alrededor de los años cuarenta, cuando ya estaba establecido el uso del bandoneón, el instrumento se ejecutaba en las polcas rurales, que pasaron a llamarse, para diferenciarse de las músicas del Paraguay, chamamé correntino. Baltazar Estol, oriundo de la provincia, es fabricante de bandoneones diatónicos de 142 tonos, utilizados por músicos de la región.
Juan Pablo Fredes, jubilado bonaerense, fabricó los primeros bandoneones para niños, de bajo costo y materiales livianos. Además, creó junto al ingeniero Carlos Amoresano, el primer bandoneón electrónico del país, un sintetizador que reproduce el sonido original del instrumento, con la posibilidad de conexión y transcripción de la música a una computadora.
Los primeros instrumentistas porteños fueron, entre otros, El Pardo Sebastián Ramos Mejía, Antonio Chiappe, Mazzuchelli y Zambrano. Le siguieron El Tano Genaro Expósito, Vicente Greco, Juan Maglio Pacho, Eduardo Arolas, Manuel Pizarro y otros nombres legendarios y famosos en la historia del tango, quienes lo incorporaron en sus rodillas en lugar de interpretarlo de pie. El bandoneón cobró protagonismo en la Generación de 1910, en la Orquesta típica criolla.
Otros nombres fundamentales del tango fueron De Leone, Minotto y Laurenz. Posteriormente, Troilo, Scorticasti, Portier, Ríos y Ahumada. Por último, Piazzolla, Leopoldo Federico, Medero y Rovira.
Francisca "Paquita" Bernardo, conocida como La Flor de Villa Crespo, fue la primera bandoneonista profesional de nuestro país. Fundó en 1921 la Orquesta Paquita, un sexteto cuyo pianista era un adolescente Osvaldo Pugliese. Paquita obtuvo su reconocimiento, participó de la Gran Fiesta del Tango organizada por la Sociedad de Compositores en el Teatro Coliseo, en el que, de cien músicos ella era fue única mujer. Luego vendrían otras mujeres bandoneonistas como Fermina Maristany y Celia Maldonado.
Alejandro Barletta, creador de la primera escuela de bandoneón, incorporó al bandoneón a la música académica, ejecutando por primera vez en la historia de la música el concierto Nº 4 para órgano y orquesta de G.E. Händel acompañado por la orquesta de París en 1951.
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