Desde hace tiempo me preocupo y trato de ocuparme, mucho más del mañana que de lo pasado. Sin embargo, siempre, siempre hay que dejar un hilo conducente con lo anterior, sobre todo si el ayer nos llena de orgullo y sirve como trampolín de ideas hacia el porvenir. Recordar la presidencia ejemplar de Don Marcelo T. de Alvear, es una tarea placentera, más se averigua, más se lo admira.
En 1922, Hipólito Yrigoyen lo elige como candidato a presidente de la República y acompañado por Elpidio González, triunfa rotundamente en las elecciones generales. Fue el segundo presidente radical y asumió el 12 de octubre de 1922 hasta terminar su mandato el 12 de octubre de 1928, año en que garantizó una elección transparente que consagró a Yrigoyen como presidente por amplia mayoría.
Su presidencia duró exactamente seis años. Su gobierno estuvo marcado por el crecimiento económico, el avance automotor sobre la Argentina, la exitosa explotación petrolera y la absoluta ausencia de conflictos.
Permítanme recordar solo algunos actos de gobierno de Alvear: reorganización del Banco Hipotecario Nacional; protección a los colonos y chacareros frente a los terratenientes; creación de la Marina Mercante Nacional; realización del tren de las nubes, conectando Salta con el Océano Pacifico; finalizó las destilerías de petróleo en La Plata; se reactivó el flujo de la inmigración; se reglamentó el trabajo de menores; se reglamentó el pago de salarios.
Sigo: se avanzó con la Ley 11.289 hacia la jubilación universal y obligatoria; creó el Ministerio de Salud Pública, el Instituto de Nutrición y el de Pedagogía; construcción de los ministerios de Hacienda, Obras Públicas, Guerra y Marina y del Banco Nación; Fábrica Militar de Aviones en Córdoba; impulsó el crecimiento de YPF y nombró a Enrique Mosconi como director.
Y concluyo: construyó la Casa del Teatro y el teatro Cervantes; creación de un gran frigorífico nacional para competir con los ingleses; llegan a la República las fábricas Ford y General Motors; obligatoriedad del contrato escrito y la duración de los mismos para arrendamientos; inauguró el Palacio del Correo; construye el subterráneo Lacroze.
Permítanme compartir un concepto de Marcelo T. de Alvear luego de terminar su mandato:“Puedo decirlo con jactancia y lo digo sin reparos: nunca, absolutamente nunca, en ningún momento de mi gobierno, he tomado una medida con el propósito de favorecer a mis amigos, lesionado siquiera sea indirectamente los legítimos intereses de nadie, así hayan sido mis más encarnizados adversarios. Por encima de todo está el concepto y el honor del gobernante, y debe estar su incansable afán de gobernar para su pueblo, para todos los argentinos, lo repito y no para un grupo de partidarios circunstanciales.