Una mujer denunció la mala atención que supuestamente sufrió su madre en la clínica San Marcos de Pilar, quien finalmente terminó falleciendo. Según Esther Weingandt, la denunciante, el 23 de marzo su madre, Natalia Debus de 88 años, fue internada allí luego de fracturarse un fémur.
No sufría ninguna enfermedad, y nada hacía prever el fatal desenlace un mes después. Desde el primer día todo empezó mal porque, según la denunciante, “la anotaron en la entrada, pero la dejaron sentada 40 minutos y, si yo no preguntaba, nadie le hacía una radiografía”.
Weingandt acotó que para subirla a una silla de ruedas debió llamar al familiar de un internado “porque no había camilleros, y el mismo muchacho me ayudó en la camilla para rayos X”. Por la fractura debían colocarle dos clavos. Pero quedó internada siete días sin que la operen “porque no había anestesista”. Finalmente llegó el profesional y fue intervenida; luego pasó a terapia nueve días. “Al cuarto día mi madre me contó malos tratos de las enfermeras y de algún médico”, agregó Esther. El 11 de abril le dieron el alta.
Ya en su casa del barrio El Triángulo de Derqui, a los cinco días la anciana respiraba mal; tampoco comía ni bebía: la internaron nuevamente bajo un diagnóstico de “presunta insuficiencia respiratoria. Pero ella salió de la San Marcos ya con ese problema”, aseguró su hija.
La explicación médica fue que en la operación sufrió una trombosis y, como estaba recién operada, no le podían dar anticoagulantes hasta pasadas 48 horas. “Entonces ocurrió lo insólito -recordó la denunciante- porque en el nuevo diagnóstico pusieron que era ‘diabética tipo 2’ y ella jamás fue diabética”.
El 20 de abril le dieron el alta, pero ese mismo día empezó con anginas y una orina muy oscura. Un médico la visitó en su domicilio y le diagnosticó una severa infección urinaria. “Le dieron el alta con esa infección y la trombosis, y si no fuera por el doctor Montesinos, un médico de PAMI que vino a casa, nadie le ordenaba análisis ni antibióticos”, señaló Weingandt.
Por tercera vez llegó la internación, pero antes hubo que esperar la ambulancia de PAMI desde las 9 de la mañana hasta las 20.30. “La ingresamos a las 21, y recién ahí le dieron antibióticos junto a otro diagnóstico de ‘negativismo a la ingesta’, porque no comía nada”. Pese a eso hubo una escasa recuperación y por tercera vez le dieron el alta el día 22. Pero no pasaron 24 horas que nuevamente respiraba muy mal. Otra doctora la visitó y ordenó una urgente internación, hasta que el 24 un hematólogo de la clínica, le dio a Esther un pésimo diagnóstico que se cumplió a las 3.30 de la madrugada del día 25.
“A las 3 de la madrugada ella estaba viva y entraron dos enfermeras para bañarla, les dije que no lo hagan porque estaba muy mal. Una de ellas me dijo que le lavarían solo el cabello y que me retire, pero estando afuera escuché un grito de dolor de mi madre, entré y ya no respiraba”, recordó entre lágrimas la mujer. Un médico le dijo que había tenido un paro cardiorrespiratorio.
